EDITORIAL

El precio de la vivienda y la recuperación

La lógica acaba imponiéndose en todos los mercados, y el inmobiliario no será la excepción a la regla general. La tradicional resistencia a bajar los precios de las casas, por entender sus propietarios que el valor de las casas nunca baja, va venciéndose poco a poco. Desde que el boom de los últimos quince años ha convertido a la inmobiliaria en una inversión financiera y especulativa, está en su naturaleza el descenso cuando la demanda se frena y se congela como lo ha hecho ahora, tanto por falta de financiación como por sobredosis de precio. En los últimos doce meses los precios han bajado un 5%, según la tasadora Tinsa, con ajuste muy severo en las zonas turísticas y los cinturones metropolitanos, lo que supone una intensificación importante tras varios meses de dibujar una moderación que se acercaba al estancamiento.

El precio es la mejor y más rápida herramienta de ajuste de los excesos, y el mejor árbitro para conciliar la sobreoferta con la escasez de demanda, y, en consecuencia, los vendedores tendrán que seguir rebajando hasta que haya personas dispuestas a comprar. Pero si las reducciones mantienen ritmos graduales como hasta ahora, es probable que pasen desapercibidas para la gran mayoría. Así, la mejor forma de reactivar la demanda son bruscos recortes fácilmente apreciables, aunque eso suponga renunciar a beneficios o incluso vender con pérdidas, con efectos perversos incluso para los grandes acumuladores de estocaje, como la banca. Sólo así se podrá dar salida al abultado número de viviendas en stock, especialmente en las zonas donde el boom inmobiliario fue más intenso. Los datos de Tinsa, en sintonía con otros indicadores, establecen que la lógica del mercado se está aplicando con meticulosidad científica, y allí donde la sobrevaloración fue mayor y más desproporcionada, mayor es el ajuste de los precios ahora.

Un informe reciente indicaba que ya había un porcentaje nada desdeñable de hipotecas por encima del valor real de las casas, con el innegable efecto pobreza que genera en sus titulares, sin que por ello puedan dejar de hacer frente a sus obligaciones financieras. Pero cuanto más pronto los precios de este tipo de activos se pongan al nivel de demanda, más pronto se sacudirá el estocaje (un millón de casas), más pronto se demandará vivienda nueva no construida, más pronto se recompondrá la renta de miles de particulares, de pequeñas empresas, de promotoras de mediano tamaño paralizadas, y más pronto se despejará el horizonte de las entidades financieras atrapadas por la crisis inmobiliaria.

Aunque a casi ninguno de estos agentes económicos le guste, recuperación económica va íntimamente ligada a ajuste de los precios de la vivienda.