Análisis

Los lobos pueden volver sobre los corderos

Si algo ha quedado claro de la comparecencia del gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, hoy en el Congreso, es que no ha pasado el peligro de que vuelva a repetirse la inestabilidad financiera que sufrió España entre abril y junio. El gobernador ha descrito con la claridad que le caracteriza que, más allá de los movimientos de los especuladores, existen fundamentos en la economía española, como el elevado paro y el crecimiento exponencial de la deuda pública, que se ciernen como una espada de Damocles sobre el futuro de la economía española. "Sería un error atribuir únicamente al comportamiento gregario de los mercados financieros los episodios de tensión que se vivieron; durante mucho tiempo estaremos sometidos una vigilancia intensa por parte de aquellos que nos financian", ha comentado en la Comisión de Presupuestos, ante la atenta mirada de sus señorías.

Dicho de otra manera, el ataque de los lobos especuladores del mercado sobre los corderos (los países en situación financiera y fiscal más débil) puede repetirse como ya ocurrió en mayo con Grecia, Portugal y España, disparando la prima de riesgo. La receta para evitarlo está clara: la 'hoja de ruta' marcada en los Presupuestos Generales del Estado para 2011 no debe moverse ni un ápice. Cualquier desviación al alza en el gasto público o en los objetivos de reducción de déficit, en especial de las comunidades autónomas y ayuntamientos, será interpretado por los mercados como un síntoma de que España no podrá cumplir con lo prometido.

Y en esta tesitura las promesas realizadas (recortar el déficit al 6%) son claves y deben ser cumplidas. Esta es una condición necesaria aunque no suficiente. En tal escenario de incertidumbre es vital también seguir avanzando en el proceso de reformas estructurales, como señala también Fernández Ordóñez, para mejorar la competitividad de la economía. Y esto sólo se consigue adaptando los costes salariales y beneficios empresariales a la productividad de cada empresa, y no dejar de invertir en los procesos susceptibles de generar valor añadido. Manos a la obra. Hay mucho trabajo que hacer.