COLUMNA

Kan lucha contra la deflación

Las intervenciones de divisas son generalmente vistas como apoyos ante la debilidad o tratamientos de empobrecimiento del vecino por la fuerza. Pero la primera intervención de Japón en seis años para debilitar el yen trata de hacer frente a la persistente deflación y el estancamiento de la tercera economía más grande del mundo y, por lo tanto, es bienvenida.

La decisión se produjo un día después de que el premier Naoto Kan sobreviviera a una crisis de liderazgo. El ministro de Finanzas vendió yenes y compró dólares para debilitar la moneda japonesa. Pero el Gobierno de Kan también parece estar empujando al lento Banco de Japón a la acción. Tadao Noda, miembro del consejo del Banco de Japón, dio a entender en una reunión con empresarios que era poco probable que el banco esterilizara las ventas de yenes del ministro de Finanzas -neutralizándola con una emisión de deuda a corto plazo-, sino que el movimiento añadiría liquidez.

El aumento de la presión política sobre el independiente Banco de Japón refleja asimismo la presión sobre Kan. Ichiro Ozawa desafió su liderazgo sin éxito, pero puso de manifiesto un bando en el gobernante Partido Democrático que exige a Kan hacer más para reactivar la economía.

La intervención ha funcionado inicialmente. El yen ha caído alrededor del 3% contra el dólar estadounidense, desde 83 a 85 yenes por dólar en las operaciones del miércoles. Para regocijo del Nikkei, que subió un 2,3%. Los inversores japoneses dan la bienvenida a una moneda más débil porque ayudará a los exportadores. Pero el objetivo más legítimo de la debilidad del yen es empujar hacia arriba los precios de bienes importados, como los productos básicos, ayudando a levantar la inflación, actualmente negativa del 0,9%. Cuando los precios están cayendo, incluso tipos de interés mínimos no son bajos, por lo que la deflación puede ser una espiral descendente.

Los riesgos con las intervenciones son muchos. Los especuladores pueden obtener un blanco jugoso. Y una cuestión política importante es si el Banco de Japón hará un seguimiento en octubre con nuevas políticas que se sumen a la relajación monetaria, empujando el dinero hacia activos de mayor riesgo y fuera del yen.

Pero la acción de Kan es preferible a aceptar la deflación. Japón debe afrontar sus debilidades económicas, más allá de que el Gobierno construya puentes que no van a ninguna parte.

Por Ian Campbell