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Columna

Armonización sin disciplina fiscal

Los Gobiernos europeos están preparados para extraer todas las consecuencias de las recientes tormentas financieras, excepto para sí mismos. La reunión de esta semana de los ministros de Finanzas de la UE es un claro ejemplo. Los responsables de Economía pueden acordar la armonización de impuestos a sus bancos y dar luz verde a la nueva arquitectura normativa paneuropea que comenzará a funcionar el próximo enero. Pero aún están lejos de cualquier reforma seria que les ayude a evitar el tipo de crisis de deuda que asustó a los mercados en la primera mitad del año. Impuestos y regulación: saben qué hacer. Disciplina fiscal: aún tienen que aprender.

No hay duda de que el nuevo régimen de regulación financiera, que proporcionará una mayor coordinación y allanará el camino para una armonización de las normas que regulan el mercado único europeo, es un avance. Y aunque algunos Gobiernos europeos han decidido sobre una tasa bancaria principalmente por razones políticas, lo mínimo que pueden hacer es tratar de asegurarse que las instituciones transfronterizas no serán gravadas dos veces, un tanto del comisario Michel Barnier. En otras palabras, armonizar el enfoque fiscal con las reformas de la regulación prevista por Basilea.

Las cosas se ven definitivamente más difíciles cuando los ministros de Finanzas recurren a las reformas que saben que son necesarias para evitar otra, y posiblemente peor, crisis de deuda. El Pacto de Estabilidad europeo debe reforzarse -en principio nadie está en desacuerdo-. Pero la brecha es tan grande como siempre entre Alemania, que aboga por sanciones automáticas cuando el déficit presupuestario excede el límite del 3% del PIB, y otros Gobiernos que, en diversos grados, quieren mantener abierta la posibilidad de excepciones. Pero ya que las excepciones han sido la regla general y abrumadora (incluido el caso de Alemania) en los once años de historia del euro, los escépticos y los cínicos tendrán abundantes razones para dudar de tales compromisos mal concebidos y sigo pensando que los europeos decididamente no pueden limpiar sus propias casas.

Pierre Briançon

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