Problemas para lograr financiación

American Apparel, al borde de la bancarrota por problemas de liquidez

American Apparel se puede convertir en una de las principales víctimas de la crisis dentro de la industria textil. La empresa californiana, que cuenta con 280 tiendas (una de ellas en Barcelona), podría entrar en bancarrota si no solventa sus problemas de liquidez. A ello se suma la marcha de su auditor, Deloitte, que cuestiona la fiabilidad de sus resultados de 2009.

Es una de las cadenas de moda estadounidenses más populares: joven, provocativa y barata. Pero sus días pueden estar contados. American Apparel está atravesando serios problemas de liquidez que, unidos a los números rojos de los últimos meses, ponen en serio peligro su continuidad. Tras conocer sus negativos augurios, la cadena textil se hundió el martes en Bolsa un 26%.

"La compañía espera comunicar considerables pérdidas y una generación de caja negativa durante los seis meses concluidos el 30 de junio de 2010", ha reconocido American Apparel, desatando así los rumores que la convertirían en una de las principales víctimas de la crisis dentro del sector de la distribución. "Basándose en esto y en las tendencias que afectan al negocio, en lo que resta de 2010, la compañía podría carecer de la suficiente liquidez para sostener sus operaciones durante los próximos 12 meses", asumía el grupo encabezado por Dov Charney.

American Apparel es uno de los escasos grupos textiles que aún abarca todo el proceso productivo: desde las elaboración de las prendas en sus fábricas hasta la distribución final en el punto de venta. Precisamente, la alta competencia de las cadenas de distribución con márgenes mayores -gracias a la producción en países con mano de obra más económica- puede ser uno de los motivos que haya colocado a la enseña de Los Ángeles contra las cuerdas. Y España no quedaría al margen. American Apparel sólo cuenta con un establecimiento en el mercado español, en concreto un local en el barrio gótico barcelonés.

La cadena textil sólo tiene una tienda en España, en Barcelona

La compañía textil aún no ha desvelado sus resultados trimestrales definitivos. Sin embargo, ya ha confirmado que prevé registrar una caída de ventas netas cercana al 3%. Mayor será la reducción de ingresos en los locales hace abiertos más de un año, que podría alcanzar el 16%. De esta forma, adelanta que ha cerrado el segundo trimestre con unas pérdidas de entre cinco y siete millones de dólares (entre 3,8 y 5,4 millones de euros). Además, asume que la productividad de sus fábricas se ha reducido entre abril y junio. De hecho, el grupo ha tenido que afrontar la marcha de más de un millar de empleados tras haber sido acusada de infringir las leyes de inmigración.

Pero más allá de su actividad, American Apparel reconoce que detrás de sus problemas financieros están las trabas a la hora de cerrar su refinanciación. La cadena textil asegura que el 23 de junio llegó a un acuerdo para lograr una nueva línea de crédito. Pero ésta parece que no va a ser suficiente. De hecho ya ha reconocido que, basándose en los resultados al cierre del segundo trimestre y a tenor de la evolución en las últimas semanas, probablemente no consiga el resultado bruto de explotación (Ebitda) al que se había comprometido para lograr esta segunda línea de financiación, de la que no ha desvelado su cuantía. Entre abril y junio, su endeudamiento se ha incrementado en 29 millones de dólares y ya supera los 120 millones.

Al margen de sus resultados económicos, la situación de American Apparel se complica aún más tras la marcha de la firma que hasta hace unas semanas auditaba al grupo, Deloitte. æpermil;sta ha dudado de la fiabilidad de los resultados comunicados por la cadena textil el pasado ejercicio. Una situación que ha despertado el interés tanto de la fiscalía de Manhattan -que ya ha abierto una investigación formal- como de la SEC, el regulador de la Bolsa estadounidense.

Un canadiense ajeno a la ortodoxia 'made in USA'

Dov Charney nunca ha intentado ser como el resto de los empresarios. Para empezar, y desde un pequeño negocio de diseño de camisetas, se propuso crear una marca, American Apparel, en la que en la etiqueta se leyera "Made in USA" cuando el resto del textil procedía de países en desarrollo. Su fábrica en Los Ángeles le convirtió en una rareza en el desolado paisaje textil americano. Para continuar su estilo desenfadado y directo, en el que no faltaban una valiente defensa a los emigrantes o a la labor social de las empresas, todo ello aderezado con algún que otro taco, le diferenciaba del resto de unos emprendedores algo más ortodoxos.

Pese a que competidores y mercados han asistido atónitos al crecimiento de una franquicia que abría tiendas en todos los rincones del país y parte del extranjero (a un ritmo similar al que siguió Starbucks antes de plegar velas), también criticaron a este canadiense de 40 años por unas campañas de publicidad de dudoso gusto más propias del género porno suave. De hecho, Cherney ha tenido que hacer frente a demandas por acoso sexual.

Ahora, su sorprendente pedestal ha perdido altura y es posible que acabe en los tribunales al suspender pagos. Hace unos días, Charney, que viste sólo con ropa de American Apparel y tiene un reducido grupo de ayudantes, dijo a Businessweek que muchas de las premisas con las que había crecido no son reales. Como que "se puede confiar en que los prestamistas estarán siempre cerca, que se comportarán de una forma ética y que siempre tendrán dinero. Tampoco se puede confiar en que los consumidores seguirán gastando y que tendremos empleo casi total en los países desarrollados".

Las cifras

279 tiendas posee American Apparel, incluyendo países como Israel, Brasil o Suecia.

559 millones de dólares ingresó la firma en el ejercicio 2009 (434 millones de euros).

1,1 millones de dólares fue su beneficio en 2009, un 92% menos que en 2008.