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Tribuna

Test de estrés bancarios y otras falacias

En las últimas semanas hemos vivido con gran intensidad un ejercicio de análisis de las entidades financieras que, aunque ha dado mucho que hablar, ha aportado muy poco a lo que ya sabíamos. Y es que, aunque los test de estrés parezcan un trabajo exhaustivo y científicamente sólido, la realidad es que se acercan mucho a lo que Irving Copi definió como una falacia: "Un razonamiento lógicamente incorrecto, aunque psicológicamente persuasivo".

La realidad es que los stress test parten del enfoque de que "si un banco es sólido, debe tener un buen nivel de capital; por tanto, si un banco tiene un buen nivel de capital, debe ser sólido". Este razonamiento es erróneo y no soporta el más mínimo análisis técnico, porque pretender conocer la salud de una entidad financiera exclusivamente en base al nivel de capital que tiene o necesita es un trabajo que raya la inutilidad, sobre todo si se tiene en cuenta que los bancos son negocios con altísimos niveles de apalancamiento.

Desafortunadamente, continúa existiendo una obsesión casi enfermiza de reguladores e inversores y, en consecuencia, de las propias entidades financieras por seguir realizando este ejercicio estéril en lugar de enfocarse de una vez por todas en lo que es realmente importante para el futuro de la organización: el análisis del equilibrio y composición de sus activos y pasivos, así como la calidad de los mismos. A medio y largo plazo, lo que hace sólido a un banco no es su capital, sino la naturaleza de su negocio bancario.

Las entidades financieras son negocios muy especiales y no pueden valorarse con los mismos criterios con los que valoraríamos cualquier otra compañía. Mientras cualquier empresa industrial del mundo estaría quebrada si tuviera un nivel de apalancamiento similar al de las instituciones financieras, los bancos y cajas han alcanzado de manera estructural ratios de apalancamiento medio de entre veinte a treinta veces, lo que significa, ni más ni menos, que tienen entre veinte y treinta veces más deuda que capital.

Un simple test de estrés de andar por casa nos demostraría que con estos niveles de apalancamiento bastaría con una pérdida de tan solo un 5% en el valor de todos los activos de su balance para que la entidad en cuestión perdiera todo su capital. Parece, pues, razonable decir que un banco es, por definición, un negocio teóricamente insolvente y que aplicarle un test de estrés adicional sobre su capital es algo interesante, pero no lo suficiente como para perder mucho tiempo en ello.

En este marco, el verdadero test no debe enfocarse solo en el capital -que en el caso de los bancos, más que en ninguna otra institución, es puramente coyuntural- sino en cómo estará la entidad dentro de un tiempo teniendo en cuenta los activos de los que dispone.

El reto del sistema financiero español, por tanto, reside en conocer la composición real de los balances para poder limpiarlos de manera eficiente y, sobre todo, ordenada. La venta de activos no estratégicos para el sistema es algo que debería primar sobre otras consideraciones. Solo así podremos decir, sin dar lugar a falacias, aquello de que "si un banco es sólido, debe tener un balance limpio; por tanto, si un banco tiene un balance limpio, debe ser sólido".

Antonio Carballo. Vesta Asset Management

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