A fondo

Controladores, pulsos y víctimas colaterales

Controladores, pulsos y víctimas colaterales
Controladores, pulsos y víctimas colaterales

Si AENA y el Ministerio de Fomento no lo remedian, la amenaza difusa de huelga de los controladores aéreos y sus daños colaterales van a seguir alimentando hasta el próximo jueves la serpiente informativa de este mes de agosto. Y elevando el bochorno (el ambiental y el de otro tipo) que produce un conflicto al que parece que ninguna de las partes implicadas quiere poner fin de la mejor manera posible y con el menor coste de víctimas inocentes (léase, viajeros y empresarios y trabajadores del sector turístico).

La semana pasada se inició con el apoyo de la práctica totalidad de los controladores (el 98,25%) a una convocatoria de huelga ante el bloqueo de las negociaciones de su convenio colectivo y la decisión del Gobierno de hacer avanzar el proceso a base de decretos. El último (publicado el viernes pasado en el BOE), el que regula los tiempos de actividad y descanso de estos trabajadores.

Los dirigentes de la Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA) decidieron aprovechar el mandato de los trabajadores para usarlo como arma disuasoria y amplificar su efecto. La posibilidad de una huelga sin fecha ni plazos previstos se ha convertido en una especie de mina explosiva: una amenaza silenciosa y permanente, que siempre está ahí, dispuesta a estallar cuando alguien dé el paso equivocado.

Los controladores quisieron seguir negociando el fin de semana, pero se negaron a olvidar la huelga

Así, con un par de decisiones, y en menos de medio año, Fomento ha reducido en 150.000 euros anuales el sueldo de los controladores, ha eliminado un 85% de las horas extra y ha reformado el esquema de guardias y días libres vigente hasta el momento.

En estas condiciones, las dos partes volvieron a sentarse cara a cara la semana pasada. Sabiendo, unos y otros, de lo que es capaz el contrario y dispuestos a mantener el pulso. El jueves por la noche, la situación parecía haberse encauzado. Según AENA, ya había un acuerdo o las posiciones estaban muy próximas en la mitad de las 12 reivindicaciones planteadas por los trabajadores. Sin embargo, se mantenían como principales escollos los dos aspectos más peliagudos: las retribuciones y la jornada laboral. Los controladores quieren, al menos, seis días de descanso al mes, cambios en los llamados servicios exprés (que exigen la disponibilidad inmediata) y una reducción de la jornada anual hasta las 1.350 horas en 2013, frente a las 1.670 horas previstas actualmente. Y todo ello manteniendo la nueva media salarial, de 200.000 euros anuales.

Guerra de gestos

Fue precisamente al término de la reunión del jueves cuando comenzaron las provocaciones y la guerra de gestos de cara a la galería que han vuelto a provocar la ruptura del diálogo. Abrieron fuego los controladores al reclamar una reunión con el ministro de Fomento, José Blanco, alegando que AENA estaba ralentizando las negociaciones. USCA formalizó su petición el viernes por la mañana en el ministerio, a sabiendas de que Blanco la iba a rechazar y no se iba a prestar a entrar a un cara a cara directo con el sindicato.

Posteriormente, fueron AENA (su presidente, Juan Ignacio Lema) y Fomento (la secretaria de Estado de Transportes, Concepción Gutiérrez) los que añadieron un elemento nuevo de presión, en plenas negociaciones: o se llegaba a un acuerdo el mismo viernes o se iba a un arbitraje voluntario.

Y pasó lo que todo el mundo se temía. No se llegó a un acuerdo, los representantes de los controladores rechazaron el arbitraje, pero se mostraron dispuestos a seguir negociando durante el fin de semana y AENA se levantó de la mesa porque los trabajadores no renunciaron a la amenaza de huelga, tal y como consta en las actas de la reunión que se han filtrado.

"AENA y Fomento nos están provocando para que vayamos a la huelga", reconocían ayer desde USCA. El sindicato teme que el Gobierno aproveche la protesta para encontrar una excusa que le permita poner sobre la mesa un laudo que, en este caso, sería de obligado cumplimiento.

Desde el Ministerio de Fomento instaron a los trabajadores a firmar lo acordado o ponerse en manos de un árbitro independiente o, si no, fijar ya la fecha para la huelga. Algo que puede que haga el comité ejecutivo de USCA este jueves, cuando se reúna para tomar una decisión.

En resumen: que unos y otros siguen tirando de la cuerda para ver quién puede más. El problema es que la cuerda se romperá por la parte más débil, que es la de los usuarios y la de quienes viven del turismo. Ayer mismo, las aerolíneas advertían de que ya hay un descenso de reservas para la segunda mitad del mes por la incertidumbre generada. El sector estima que la huelga puede costar cerca de 40 millones de euros al día. Por eso, por responsabilidad, AENA y los controladores deberían dejarse de pulsos innecesarios y ponerse de inmediato, otra vez, a negociar.