A fondo

Las moscas, la miel y el vinagre

Conocer el final de la historia sería un elemento clave para cualquier estrategia, si fuera alcanzable. Puesto que no es así, el único recurso es adaptarse lo mejor posible a las circunstancias y dar marcha atrás cuando el desenlace se parece poco al esperado. Telefónica ha comenzado a practicar esta máxima.

En su diseño inicial, no estaba previsto que la batalla encarnizada desatada con Portugal Telecom por el control de Vivo terminara como lo hizo. La pugna se concibió en un tablero con reglas económicas y empresariales. Ganaría el que más ofreciera a los accionistas, el que consiguiera el máximo apoyo de los inversores. La capacidad financiera de los contendientes iba a ser la clave.

Las emociones estaban descartadas. Pero poco sucedió como estaba previsto. Telefónica se batía con Portugal Telecom en la arena empresarial sin darse cuenta de que estaba desatando otra guerra en un campo paralelo. Los ciudadanos de Portugal tomaron partido y nada les importó de qué lado estaba el dinero. Las emociones y los sentimientos se desataron, pero no se les prestó atención. Es más, se les dio munición.

La batalla ha vuelto a empezar pero con otras reglas

La amenaza de una opa hostil sobre la mayor compañía del país estaba llamada a despertar la reflexión de la directiva de PT y de sus accionistas de que quizá el mejor camino era ceder Vivo para evitar un mal mayor. Funcionó, si bien también desenterró las iras del Gobierno del país vecino. Y resulta que Portugal tenía un arma oculta, una acción de oro capaz de cambiar los designios de cualquier batalla.

El final fue abrupto e imprevisto, según el plan diseñado. Ilegal, a todas luces, pero efectivo. Durante una semana, todo se paró. Quedaba la esperanza de que Bruselas y su Tribunal de Justicia pudieran ayudar, al declarar ilegal la golden share, aunque con una oposición tan rotunda del Gobierno portugués y el respaldo abrumador de la ciudadanía lusa, nada garantizaba un final feliz para Telefónica. Y entonces entró en juego Epicteto.

"Cuando algo acontece, lo único que está en tu mano es la actitud que tomas al respecto; tanto puedes aceptarlo como tomarlo mal", recomienda el filósofo estoico griego. Telefónica reflexionó y cambió de estrategia, en un reconocimiento implícito de que quizá la primera no fue perfecta y de que pensar que se tiene razón no puede ser más importante que llegar al final del camino.

Algo había acontecido; Telefónica eligió adaptarse. No tuvo que ir muy lejos para encontrar la respuesta. El refranero popular le marcó la nueva senda. Consciente al fin de que se cazan más moscas con miel que con vinagre, Telefónica ha ofrecido lo que se le pedía: diálogo. Está por ver si la postura es sincera o sólo otro medio de llegar al mismo fin sin ceder nada por el camino.

En lo esencial, poco ha cambiado: Telefónica sigue convencida de que legalmente Vivo debe ser suya y el nuevo enemigo, el Gobierno de Portugal, ha avanzado que no dará su visto bueno a una oferta por la operadora brasileña igual que la que había, por mucho que se haya dialogado. Pero definitivamente el vinagre ha quedado atrás. Como mínimo, ya se ha conseguido deshacer un bloqueo que amenazaba con convertirse en infranqueable. La batalla vuelve a comenzar, aunque esta vez con un cariz más dulce.