Es hora de que China empiece a colaborar
Los mercados dieron ayer credibilidad al anuncio del Banco Central de China de que flexibilizará su moneda, el yuan, lo que deberá traducirse en una revalorización frente a las principales divisas internacionales. Las Bolsas de todo el mundo se apreciaron, arrastradas por el Nikkei japonés y el mercado de Hong Kong, que superó el 3%. Pero la euforia desatada con el anuncio de los responsables monetarios chinos tendrá que pasar ahora el filtro de la multitud de dudas que rodean la medida. Para empezar, las autoridades del país no han aclarado aún ni cómo ni cuándo piensan dejar flotar su moneda. Además, el mismo domingo rebajaron las expectativas que despertó el anunció del sábado descartando una apreciación "fuerte y rápida" de su moneda.
Ayer mismo se confirmó de sobra que las cosas van a ir al estilo chino, es decir, lentas. El yuan se mantuvo dentro de los niveles permitidos hasta el mismo viernes, lo que hace pensar que poco ha cambiado en la política monetaria china. El yuan no fluctúa aún libremente. Desde verano de 2008 mantiene un tipo de cambio fijo frente al dólar (6,83 yuanes equivalen a un dólar) y permite una fluctuación nunca superior al 0,5% (es decir, entre 6,864 y 6,795). Las autoridades chinas permitieron que su divisa se fuese ayer a la parte alta del espectro, a 6,796, pero en ningún caso que superase lo establecido. Nada, pues, cambió ayer. O casi nada. Los expertos consideran que lo importante no son los plazos, sino la perspectiva futura. Y tienen razón, pues la posibilidad de que la divisa china se revalorice implicaría cambios de calado en el comercio internacional. China encarecería sus exportaciones y, por tanto, aumentaría la competitividad del resto de productos mundiales, que podrían aspirar a entrar más fácilmente en aquel gigantesco mercado.
Ahora bien, de momento se trata de una promesa y está por ver cómo se ejecutará. La presión ejercida, sobre todo desde Estados Unidos, para que China afloje su férrea y artificial política cambiaría está sin duda detrás del anunció del fin de semana. El gigante asiático no puede presentarse en la reunión del G-20 que se celebra esta semana en Toronto (Canadá) sin algo que ofrecer a sus clientes mundiales. Sin embargo, el resto de los países no pueden quedarse con las promesas.
Es imprescindible que China dé los detalles de su plan para ir liberalizando su moneda de tal forma que sea fácil comprobar los avances. Si el país más poblado del mundo quiere mantener sus niveles comerciales actuales, o incluso incrementarlos, debe ajustarse a las reglas de juego internacionales. No puede mantener un cambio rígido en su divisa ni una protección artificial de la competitividad de su economía. Los mercados lo entienden así. Esperemos que también las autoridades chinas.