Periodismo

Antonio Salas, ahora seis años entre terroristas

En su nuevo libro explica cómo se infiltró en Hezbolá Venezuela

Antonio Salas en una foto tomada durante su periodo en Hezbolá Venezuela
Antonio Salas en una foto tomada durante su periodo en Hezbolá Venezuela

Da vueltas a sus tespik, el rosario islámico que sirve para recitar los 99 nombres de Alá. "Vives con tanta tensión, siempre pensando en si te van a pillar o en si van a ver la cámara oculta, que la oración de los viernes es de los pocos momentos en los que desconectas", indica. Nuestro interlocutor superará probablemente la treintena, pero oculta su rostro, su edad, su lugar de origen.

Sus dedos habrán paseado las cuentas de su tespik millones veces en los últimos seis años. Periodista especializado en infiltraciones, el mítico Tiger 88 que desmitificó muchos prejuicios del movimiento skin en España en Diario de un skin y autor también del libro sobre trata de blancas El año que trafiqué con mujeres, Antonio Salas ha presentado recientemente en Madrid última "locura" bajo el título de El Palestino.

Salas, camuflado con un gorro de lana negro, unas gafas oscuras y barba típica del luto musulmán, explica que este libro recoge las memorias de sus últimos seis años de vida, en los que ha intentado "llegar a entender" a los terroristas islámicos, es decir, "por qué un tipo como éste deja caer una granada en un local lleno de gente o puede intentar un magnicidio".

"O intentamos comprender al Islam o nos vamos a liar a tiros, porque nadie va a parar su ascensión"

¿Cómo lo consigue? Su transformación no es sólo cuestión de fachada. Para crear al personaje, Salas se convirtió al Islam, dejó de fumar, de beber, se circuncidó y aprendió árabe. Viajó a Palestina, buscó un lugar en el que pudiera ubicar las raíces de su personaje y diseñó una coartada para la historia que él mismo había creado. Finalmente, decidió que su personaje, el palestino Muhammad Abdallah, sería el marido de una víctima de la segunda Intifada natural de Yinín. Sobre la mesa desparrama las pruebas que atestiguan su hégira: un álbum de fotos en los que finge un matrimonio palestino, un Corán escrito en árabe por él mismo y una bandera palestina.

Subraya que es necesario buscar en el personaje que se va a interpretar cosas que sean afines a tu propia personalidad. "A mí me encanta la cultura árabe, la comida, fumar en sisa...", indica. A la pregunta de si cree realmente en el dios del Islam, responde: "Yo he viajado mucho por todo el mundo y creo que todas las religiones tienen en el fondo la misma esencia. Creo que es algo puramente casual que hayas nacido en un momento y en una región, y eso modera lo que tú crees".

Resulta difícil resumir en unas líneas todos los hallazgos del periodista en su última infiltración. La decisión de infiltrarse en el terrorismo islámico surgió después de que se descubriera que éste estaba detrás de los atentados del 11 de marzo en Madrid. Mientras estudiaba árabe, llegó a la conclusión de que no podría ocultar sus orígenes latinos e intenta entrar en contacto con terroristas en Venezuela. Con el paso del tiempo, llega a introducirse en Hezbolá Venezuela y se convierte en la mano derecha de su líder. Utilizando como tapadera su trabajo como corresponsal para medios de comunicación árabes, se convierte en el gestor de las relaciones de comunicación del grupo a través de internet. En esta aventura, entra en contacto con célebres y sanguinarios terroristas, como Ilich Ramírez -Carlos Chacal-, Eduardo Rozsa y Leyla Khaled.

Salas lo cuenta con la pasión de quien tiene todavía los nervios a flor de piel. Aún desconoce las consecuencias que tendrá este trabajo, aunque prevé que el enfado de Carlos El Chacal al descubrir en Abdallah a un pacifista convencido. Su dictamen sobre los peligros del terrorismo islámico para Occidente es elocuente. "O intentamos comprendernos o nos vamos a liar a tiros, porque nadie va a conseguir para la ascensión del Islam", concluye.

Ilich Ramírez, "Carlos el chacal". Un mentor en una prisión de París

A Muhammad Abdallah comenzaron a abrírsele las puertas cuando conoció a Ilich Ramírez. El terrorista apodado Carlos El Chacal, miembro de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y buscado durante más de veinte años por los servicios secretos de medio mundo, le encargó la gestión de su web personal.

Escribía sus artículos, El Chacal los corregía y, como muestra, pone sobre la mesa los textos con las correcciones de puño y letra del terrorista. Desde 2008 le llamaba todas las semanas. "Es una sensación extraña cuando sabes que te aprecia alguien que es un asesino".

Eduardo Rozsa. La situación se le va de las manos

Salas cuenta que Eduardo Rozsa fue el principio del fin. Su muerte en abril de 2009 y las acusaciones de que había sido interceptado cuando preparaba el asesinato de Evo Morales hizo que todas las miradas se volvieran hacia el periodista Muhammad Abdallah, la última persona que lo había entrevistado.

Rozsa era el hombre de confianza de Ilich Ramírez en Rusia. Nació en Bolivia, partió a una guerra lejana y trabajó como corresponsal en la guerra de los Balcanes. Un día dejó la cámara, cogió un fusil y se puso al servicio de los croatas. "Se convirtió en un asesino", dice Salas.

Leyla Khaled. Figuras emblemáticas aceptan sus entrevistas

El periodista subraya que los avances de los últimos dos años de su investigación, y en especial, su conexión con Ramírez, le han permitido acceder a terroristas a los que muy pocos han podido entrevistar y también recopilar documentación y confidencias a los que nadie había tenido acceso.

Un caso es el de Leyla Khaled, activista a finales de los sesenta del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y primera mujer palestina en secuestrar un avión. Khaled, que es miembro del Consejo Nacional Palestino, concedió una entrevista a Muhammad Abdallah.