SouthAfrica 2010

Clima frío y público cálido para un Mundial distinto

El primer gran evento deportivo que acogerá África en su historia presenta condicionantes organizativos totalmente nuevos, unos atractivos y otros disuasorios para el visitante, en una apuesta de la FIFA por ampliar sus mercados

Clima frío y público cálido para un Mundial distinto
Clima frío y público cálido para un Mundial distinto

El primer Mundial de fútbol en África, el primer Mundial en invierno desde hace 32 años, el primer Mundial en que la mitad de la población no tiene poder adquisitivo para comprar las entradas?Muchos experimentos afronta la FIFA en la cita que dará comienzo el próximo viernes en Johannesburgo con un choque entre los anfitriones y México. Los condicionantes de Sudáfrica como país organizador se suman a la crisis económica para poner en duda que este Mundial sea una fiesta tan internacional como los precedentes, aunque en cambio hacen augurar un excelente espectáculo deportivo.

Por ejemplo, la cuestión de la temperatura, con termómetros bajo cero incluso durante el amanecer, parece un condicionante favorable para la competición. Según el seleccionador estadounidense Bill Bradley, "el clima fresco va a contribuir a la calidad de los partidos y a un mayor ritmo que en los torneos que se han vivido con un intenso calor". A cambio, los equipos médicos de las 32 selecciones tienen en cuenta el riesgo de resfriados.

También son excelentes las instalaciones, con estadios en su mayor parte totalmente nuevos y con un césped importado de Inglaterra por el mismo experto que cuida las praderas de Wimbledon. Los cinco nuevos estadios y la renovación de los otros cinco para la ocasión han costado 1.000 millones de euros.

Los problemas del transporte, los temores sanitarios o la inseguridad parecen haber pesado junto a la crisis en el ánimo de los turistas

Pero lo cierto es que no está nada claro que esta inversión resulte rentable. No sería la primera vez: puede recordarse, por ejemplo, que de los diez estadios que albergaron partidos del Mundial de 2002 en Japón, sólo dos continúan activos como campos de fútbol. Y eso que el poder adquisitivo japonés y la afición por el fútbol es algo mayor que en Sudáfrica, un país donde la competición doméstica es apenas profesional y el 50% de la población no gana 100 euros al mes según el obispo Paul Verryn, destacado activista en pro de la igualdad.

La competencia del rugby

En Sudáfrica, el fútbol -o "diski" según la denominación local- es el deporte callejero de la población negra. El 10% de la minoría blanca es más aficionada al rugby y al cricket, que copan las retransmisiones televisivas.

La experiencia de la Copa Confederaciones celebrada el año pasado obligó a bajar los precios -10 dólares la entrada más barata- ante las numerosas gradas vacías, y a descartar la estrategia de la FIFA de los dos últimos Mundiales de primar la venta por internet. Con ello se espera atraer a espectadores locales de menores ingresos y paliar los flojos datos de visitantes extranjeros que se van adivinando: sólo unos 300.000, la mitad que en el Mundial de Corea y Japón de hace ocho años pese a la menor distancia, y de ellos apenas 40.000 procedentes de otros países africanos.

Además de la crisis y el alto coste de los vuelos, en particular los interiores africanos, otros factores se han venido a sumar para enfriar el ánimo de los aficionados. Organismos como el Instituto de Vigilancia Sanitaria francés han recordado a sus ciudadanos interesados en desplazarse que la tasa de seropositivos en Sudáfrica está en el 20% entre la población entre los 15 y los 49 años, y que es necesario tomar todo tipo de medidas ante la difusión de otras enfermedades tropicales. Por ejemplo, la selección española de fútbol desplaza agua mineral desde España no sólo para el consumo, sino incluso para lavarse los dientes.

Otro factor evidente es el de la seguridad. Sudáfrica exhibe las mejoras estadísticas de los últimos años, pero su tasa de homicidios es de 50 al día, equivalente a la de Estados Unidos, país con siete veces más población. En los últimos años, en Sudáfrica se han vivido incidentes tan singulares como guerras de las mafias del taxi, o significativos asesinatos políticos como el del supremacista Eugene Terreblanche. Sin olvidar la imagen que dio al mundo el ametrallamiento de la selección de Togo hace seis meses, antes de la Copa de África, aunque la región angoleña en que se produjeron los hechos se encuentre a más de 2.000 kilómetros de la frontera sudafricana.

14.000 millones en infraestructuras

El gobierno sudafricano ha trabajado de forma especial en poner coto a otro de los problemas del país, señalado repetidamente por la FIFA en sus informes previos: las dificultades de transporte. Las mejoras de los aeropuertos, la ampliación de la red de autopistas y la instalación de algunos tramos de alta velocidad ferroviaria han costado 14.000 millones de euros. Todo ello resulta muy importante en un país cuyo tamaño que quizá no es bien percibido por el visitante extranjero: entre Polokwane y Ciudad del Cabo, las dos sedes más alejadas, hay 1.700 kilómetros -la distancia entre Madrid y Amsterdam, por ejemplo-.

España se ha visto relativamente beneficiada en este aspecto, ya que dos de sus sedes, Johannesburgo y Pretoria, se encuentran muy próximas. Su campo base estará en una ciudad universitaria no lejos de ambas, Potchefstroom, y sólo tendrá un desplazamiento largo a priori en el primer partido, cuando juegue ante Suiza en Durban, a 700 kilómetros.

Si la afición sudafricana finalmente llena los estadios, lo que los visitantes sí podrán encontrarse es un ambiente futbolístico muy especial, verdaderamente extraordinario. El continuo sonido de las trompetas, las "vuvuzelas", da una atmósfera singular a los estadios sudafricanos, así como la vestimenta de los asistentes, que para la ocasión lucirán cascos de minero -macarapas- adornados y capas simulando pieles de animales. Lo que no se tolerará, en cambio, es la presencia de vendedores ambulantes en la proximidad de los estadios, algo habitual en los partidos domésticos y que se verá sustituido por la presencia de los sponsors oficiales.

El deporte como galvanizador

El otro factor importante para la organización sudafricana, que dirige un veterano de la lucha contra el apartheid como Danny Jordaan, es el de convertir la cita en un nuevo jalón de la normalización del país, con el referente del histórico mundial de rugby de 1995 en mente. Entonces, el equipo sudafricano íntegramente compuesto por blancos tuvo el apoyo del presidente Nelson Mandela para alzarse con el triunfo, en una historia retratada por John Carlin en su libro El factor humano y luego por Clint Eastwood en la película Invictus. Sin embargo, Sudáfrica ya organizó -y ganó- la Copa de África de fútbol en 1996, sin conseguir un impacto similar.

Otro factor es la proyección exterior y el prestigio para un país que aún no tiene una gran presencia internacional tras los años del apartheid. La actriz Charlize Theron, la película candidata este año al Oscar Distrito 9 y los premios Nobel de literatura J.M. Coetzee y Nadine Gordimer son, con Mandela retirado, casi sus únicas imágenes internacionales.

La realidad de un fútbol alejado del lujo

En el Mundial de 2002, España quedó eliminada ante la anfitriona Corea del Sur tras un arbitraje polémico. Uno de los jueces de línea de ese partido era el ugandés Ali Tomusange. Antes de verse delante de cientos de millones de telespectadores y 60.000 enfervorizados coreanos, Tomusange sólo había arbitrado en la Superliga del Nilo, la competición ugandesa. Para celebrar su marcha como el primer ugandés en participar en una Copa del Mundo -aunque fuera como linier-, la Superliga organizó un torneo especial, con los mejores equipos, en el que Tomusange dirigió la final. El equipo ganador se llevaba una vaca.

Esa es todavía hoy la realidad del fútbol en la mayor parte de África, por mucho que sean los miles de millones de euros invertidos en el Mundial o que los aficionados ahora tengan presentes a estrellas como el camerunés Samuel Eto'o, el costamarfileño Didier Drogba o el ghanés Michael Essien, referentes en los grandes equipos europeos.

Por ejemplo, los datos del fútbol sudafricano son esclarecedores. El presupuesto medio de los equipos de la Premier Soccer League es de poco más de 400.000 euros; el Supersport United, campeón los tres últimos y propiedad de un canal de cable, apenas alcanza el millón, sin ningún jugador no africano en sus filas.

Sudáfrica corre serio peligro de ser el primer país organizador que resulta eliminado en la primera ronda del torneo. Sólo una decena de sus jugadores militan en equipos europeos, y únicamente su medio centro organizador, Steven Pienaar, del Everton inglés, tiene un cierto nivel de competición. El jugador sudafricano más conocido en España, Benny McCarthy, fue descartado por el seleccionador brasileño Carlos Alberto Parreira -campeón con su país en 1994- por su mal estado físico. Los organizadores tienen un grupo realmente duro en primera ronda, donde se medirán con México en el inaugural y luego con Uruguay y Francia.

Las opciones son algo mejores para los otros representantes africanos, Argelia, Camerún, Ghana, Nigeria y Costa de Marfil, especialmente este último equipo, al que antes de la lesión de Drogba se daba incluso como posible semifinalista. Salvo en el caso de Argelia, se trata de equipos casi íntegramente compuestos por jugadores que desarrollan sus carreras en el fútbol europeo. Costa de Marfil cuenta, entre otros, con Didier Zokora (Sevilla) o Touré Yaya (Barcelona), a las órdenes del ex seleccionador inglés Sven Goran Ericksson.

Los Elefantes costamarfileños fueron en Alemania 2006 el primer equipo de la historia del Mundial con todos sus jugadores en equipos extranjeros. La mayoría de ellos partieron con menos de 18 años, tras pasar por clubes locales que cobran de grandes europeos por actuar como filiales más o menos encubiertos.

Los partidos de España

Durban. 16-VI, España-Suiza

La ciudad

-Playas. La Milla de Oro es una de las zonas costeras más famosas del mundo, y Durban es el principal destino turístico de Sudáfrica con un clima benigno incluso durante el invierno.

-Ballenas y zulús. Entre los atractivos turísticos del lugar pueden citarse un parque para conocer la vida de los nativos zulús y la posibilidad de avistar ballenas a pocos kilómetros de la costa.

El estadio: Moses Mabhida Stadium

-Nueva construcción. De perfil reconocible por su gigantesco arco central, que puede visitarse, es una instalación con capacidad para 70.000 espectadores.

Johannesburgo. 21-VI, España-Honduras

-Minas. El desarrollo de la ciudad se debió a su cercanía con las minas de oro más importantes del mundo.

-Metrópoli. Con cuatro millones de habitantes, es una de las 40 mayores ciudades del mundo y tiene la mayor renta per capita del continente.

-Altura. Está a casi 1.800 metros; en comparación, Madrid es la capital a más altura de Europa y está a 700.

El estadio: Ellis park

-Histórico. Recinto de rugby, en él se disputó la final del Mundial de 1995. En la propia Johannesburgo hay otro estadio sede, que albergará la final.

Pretoria/Tshwane. 25-VI. España-Chile

-Capital ejecutiva. Los tres poderes tienen tres sedes distintas en Sudáfrica, y Pretoria acoge al gobierno.

-Holandeses. La ciudad sudafricana más antigua, fundada en 1855 por los colonos holandeses -bóers-. Es probable el cambio de su denominación por el local Tshwane, que se usa para el área metropolitana.

El estadio: Loftus Versfeld

-Tradición. La instalación original data de 1903, aunque ha sido continuamente ampliada y mejorada. Forma parte de la historia deportiva del país: en él consiguió Sudáfrica su primera victoria sobre un equipo europeo (1999).

Las cifras

1.000 millones de euros costaron los cinco nuevos estadios y renovar otros cinco.

1.700 kilómetros separan a las dos sedes más distantes, Ciudad del Cabo y Polokwane.