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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Ordóñez encaja las piezas del mecano

El furibundo ataque de los mercados financieros contra la deuda griega, primero, y después contra la de otros países periféricos del euro, como España, Italia o Portugal, ha funcionado como un revolucionario correctivo de los problemas que los políticos no querían afrontar. Además de poner las pilas a los líderes europeos para recomponer institucional y financieramente los defectos del proyecto del euro, la situación ha exigido a todos los Gobiernos comunitarios programas contractivos del gasto para garantizar una consolidación fiscal en un periodo razonable, aunque ello ponga en cuarentena la recuperación económica. Pero en el caso de España ha desatascado también la trabajosa tarea de reestructurar las cajas de ahorros, e incluso está presionando para resolver también, tras dos años de injustificada e interesada pasividad, los cambios en el mercado de trabajo. Veremos en qué queda.

Desde luego, en una sola semana, tras una intervención de Cajasur por parte del supervisor que funcionó como mensaje de advertencia a todas las cajas, las entidades de ahorro han acelerado los procesos de concentración, aunque sea con la fórmula virtual de los sistemas institucionales de protección, y han dejado prácticamente dibujado el nuevo mapa de cajas de ahorro. El horizonte comienza a despejarse. Ahora, tras este ensamblado rápido de las entidades, en el que se asegura sobre todo la protección de aquellas firmas que tenían mayores riesgos, queda el auténtico proceso de ajuste de su capacidad y su recapitalización.

Para ello, y antes del 15 de junio marcado por el Gobernador del Banco de España, los nuevos grupos creados, que no son pocos, deberán hacer sus peticiones de ayuda financiera al fondo de rescate, y culminar el fortalecimiento de sus niveles de solvencia. Para ello deben esperar unos meses hasta resolver normativamente los nuevos mecanismos de capitalización y bancarización, en los que entrará irremediablemente el capital privado, hasta ahora excluido de la mitad del sistema financiero español.

Sólo cuando tales procesos estén encajados, y cuando queden no más de la mitad de las cajas existentes ahora, las entidades de ahorro podrán reactivar eficazmente la función para la que están en el mercado: intermediar y poner en contacto ahorro e inversión y ser útiles a la recuperación económica, en buena parte neutralizada ahora por la falta de liquidez y de crédito.

Es cierto que unas cuantas cajas de tamaño medio no han dado aún el paso al frente que exigía el Banco de España, y que seguramente tendrán que hacerlo (CAI, Ibercaja, Bancaja, etcétera). Pero la implicación en la recta final de esta revolución de las dos grandes entidades de ahorro, La Caixa y Caja Madrid, así como de sus dos presidentes, cuyos buenos oficios han desatascado más de una operación, ha sido determinante para terminar de hilvanar el traje a medida que exigía Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Si La Caixa absorbe Caixa Girona, huérfana tras abandonar el proyecto regional Unnim; Caja Madrid protege con un SIP a Laietana, Ávila, Segovia, La Caja de Canarias y Rioja, y complementa así un dibujo que comenzó la semana con la creación del tercer grupo del ranking de cajas en torno a Cajastur y Caja del Mediterráneo.

La fórmula elegida de forma mayoritaria para empastar el sector no es la deseada por el regulador. El Banco de España es más partidario de fusiones reales de entidades de diferentes comunidades autónomas que fortalezcan y diversifiquen el negocio, y que de paso diluyan la presencia arriesgada de los políticos en los consejos de administración de las nuevas firmas. No ha sido del todo posible, e incluso las fusiones castellana y gallega confrontan directamente con tal diseño.

Pero la fusión fría de los SIP no tiene por qué ser un fracaso si el Banco de España es de verdad exigente en los planes de reestructuración que cada entidad tiene que elaborar y someter a su autorización y fiscalización. Tras esta revolución, independientemente del número de firmas que se mantengan, tiene que reducirse notablemente la capacidad instalada agregada; tienen que fortalecerse los recursos propios, para ser más solventes; deben tener acceso a la financiación exterior con garantías, y han de tener, porque sino el proceso quedará cojo, una ventana de reconocimiento en el mercado para que fiscalice todos estos valores.

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