Narcís Serra

La melodía de una vida

El presidente de Caixa Catalunya anuncia el fin de una etapa. No será el presidente de la nueva entidad financiera que nacerá de la fusión con Caixa Manresa y Caixa Tarragona

La melodía de una vida
La melodía de una vida

Como político, hay algo que marca el carácter de Narcís Serra: es un hábil pianista. Alguien a quien le gusta mucho la música". Así le define su gran amigo Miquel Roca, uno de los padres de la Constitución española. El presidente de Caixa Catalunya interpreta los últimos compases de un concierto que dura ya cinco años. A partir de noviembre, dejará la presidencia de la entidad cuando ésta comience una nueva partitura junto con Caixa Manresa y Caixa Tarragona.

"La continuidad no hubiera sido el mensaje adecuado para enviar a la sociedad", afirmó el presidente de la entidad financiera para justificar su salida. Serra considera que lo más conveniente es que la nueva caja tenga también un nuevo presidente. Será la cuarta caja española, con un volumen de activos de 81.000 millones de euros.

Una decisión que se explica también porque "le interesa mucho más la melodía que la letra", explica Roca. "La letra puede ser suplida, cumplimentada, pero la música de las operaciones, no", remacha. El presidente de Caixa Catalunya es consciente de que lo más importante es firmar la partitura de una melodía de éxito, aunque sean otros los que la interpreten.

Serra sabe que lo más importante es firmar la partitura del éxito, aunque otros la interpreten

Tras la caja, su actividad no se detendrá, porque su vida siempre se ha desenvuelto a un ritmo vivace. Y es que Narcís Serra, que el 30 de mayo cumplirá 67 años, se bebe el tiempo a grandes sorbos. El secreto para robarle horas al día: dormir mucho en los aviones, revela Maite Ocaña, directora del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Porque además de Caixa Catalunya, preside el think tank Cidob, el Institut Barcelona d'Estudis Internacionals (IBEI), y el patronato del MNAC donde desarrolla una de sus facetas menos conocidas: la cultura.

Tiene "una gran inquietud que le viene de siempre", confiesa Ocaña, que le conoció cuando presidía el Museo Picasso por la gran amistad que une a Serra con la familia del genial pintor malagueño. Ocupa el cargo desde 2005, y desde entonces ha desplegado "toda su experiencia, sus conocimientos y sus relaciones para favorecer el museo. Una de sus grandes virtudes es su profundo conocimiento de la administración pública", apunta Ocaña.

Un conocimiento que ha acumulado durante los mismos años que tal vez lleva aprender y disfrutar de un instrumento musical: toda una vida.

En sus años de facultad, Serra conoció a Roca con quien formó un gabinete jurídico y económico. "Muy novedoso para la época", señala. En él, "se dedicaban a proyectos urbanísticos en el ámbito fundamentalmente de la administración pública", sigue Roca.

Previamente, Serra había realizado un considerable y concienzudo esfuerzo académico. Licenciado en económicas por la Universidad de Barcelona, estudió dos años en la prestigiosa London School of Economics, y en 1974, se doctoró en la Universidad Autónoma de Barcelona. Un brillante currículum que le llevó a trabajar de profesor en la universidad durante varios años.

Una faceta docente que aún hoy desarrolla gracias al IBEI. Un proyecto "directamente impulsado por Serra", según explica el director del centro, Jacint Jordana. Participar en debates y seminarios son actividades que "le producen satisfacción, especialmente en un ámbito que le interesa como es la política internacional", finaliza.

Política es, precisamente, la melodía que mejor sabe tocar. En 1978, Serra se afilió al Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC). Sólo le bastaría un año militando en el partido para convertirse en el primer alcalde de Barcelona de la democracia.

"Una época apasionante en la que estaba todo por hacer" y en la que le acompañó Lluís Reverter, actual director general de la Fundación La Caixa. Por aquel entonces, el embajador de España en Rusia, Juan Antonio Samaranch, le hizo una llamada. Poco antes de ser nombrado presidente del Comité Olímpico Internacional "le dijo que celebrar unos juegos en Barcelona sería la ilusión de su vida, y que para ello era imprescindible la colaboración del alcalde. Serra en seguida dijo que sí", relata Reverter.

Poco después, en 1982, ocupó la cartera de Defensa en el primer Gobierno de Felipe González, donde interpretaría una melodía fácil al oído, pero técnicamente complejísima: la modernización de las Fuerzas Armadas.

"Los tres primeros años fueron duros", continúa Reverter que le acompañó durante sus dos legislaturas. "Narcís ha sido una de las personas que más entierros ha organizado". ETA vivía su época más implacable. "Un muerto en un atentado es algo fortísimo. Te quedas destrozado", sigue Reverter. Sin embargo, hizo gala de una de sus principales cualidades: la serenidad. "Tiene una gran capacidad en ese sentido y en los momentos difíciles toma las decisiones acertadas sin poner nerviosos a los demás", finaliza.

Las grandes pasiones de Serra son el piano y la música. Una anécdota de Mozart -su compositor favorito- cuenta que tras la representación de una de sus óperas, el emperador José II le dijo que la pieza tenía demasiadas notas. A lo que el autor respondió con un: sólo las precisas, majestad. Tras haber hecho prácticamente de todo, Serra podría decir lo mismo: sólo lo preciso.