Lealtad, 1

Y el BCE dio su brazo a torcer

Posiblemente, uno de los acontecimientos más trascendentales que se han producido en los convulsos días que vivimos haya sido la decisión del Banco Central Europeo de comprar deuda, soberana y privada, en el mercado secundario, con el objeto de reducir la tensión en aquellos mercados más afectados por las iras de los inversores. El BCE ha actuado como un batallón que ataca a los especuladores por un flanco, mientras que la UE y el FMI atacaban por el otro.

Ya dijo el propio Trichet que la decisión en el seno de la autoridad monetaria no había sido unánime. Y en la reunión sobre tipos de la semana pasada afirmó que el tema no se había tratado; lo cual enervó bastante a los inversores. La pasividad que se achacó entonces al Banco Central Europeo derivó en las caídas de los mercados europeos durante la segunda mitad de la semana pasada. El BCE ha dado finalmente su brazo a torcer, dando un paso que ya realizó la Reserva Federal hace meses. Y a buen seguro que no ha sido plato de gusto, porque el riesgo inflacionista de aplicar políticas cuantitativas es muy elevado. Al contrario que la Fed, que vela también por el empleo y el crecimiento, el cometido del BCE es el control de los precios.

En su comunicado, la autoridad europea matiza que la compra de bonos irá acompañada de políticas que "esterilicen" el impacto inflacionista de la medida. Aunque no detalla cuáles son esas políticas, la intención inicial es que los bonos que se compren no se paguen con dinero de nueva creación.

No le falta razón al BCE en sus reticencias, porque no es tarea suya salvar de la quiebra a los Estados de la zona euro. Pero las circunstancias son excepcionales y excepcionales están siendo las medidas para combatir la primera crisis de la historia del euro. La región es demasiado grande para dejarla caer; otra cosa es la factura que nos tocará pagar en los próximos años. mrodriguez@cincodias.es