La historia adula y luego engaña
La crisis está obligando a Grecia a intentar reformas. Pero el país lleva casi dos siglos tratando de modernizarse. La pobre gobernanza fiscal de Grecia se encuentra lejos de ser un fenómeno reciente. Hubo quiebras soberanas en 1826, 1843, 1860, 1893 y 1931, y en 1944 el país experimentó la mayor devaluación de moneda en la historia moderna, según los economistas Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff.
El extenso historial de problemas refleja que las tensiones políticas vienen de lejos. Desde la independencia en 1828, los Gobiernos griegos han participado en demasiadas aventuras militares e intentado comprar el poder y la paz social mediante el clientelismo. La élite, por su parte, lleva tiempo resistiéndose a pagar una justa parte de impuestos.
Los problemas fiscales y políticos se han traducido en debilidad económica. Cuando Grecia se adhirió al precursor de la UE en 1981, el PIB per cápita era sólo del 44% de la media del grupo. Pertenecer a la UE ha ayudado. Antes de la crisis, el PIB per cápita era del 94% de la media comunitaria.
Los europeos tenían razones geopolíticas para que el país, ignorado durante dos siglos, se uniera al club. Suponía una ventana no comunista a los Balcanes. Sin embargo, un apego sentimental a la historia antigua de Grecia jugó también un papel importante. Los líderes de Francia y Alemania consideraron que Grecia, la cuna de la democracia, debería ser parte de Europa.
Sin embargo, la democracia ateniense tuvo una breve y siempre problemática historia que se abandonó en el siglo IV a.C. La historia no es el destino. Tal vez la actual crisis ayudará a Grecia a comenzar un nuevo capítulo, más feliz. Eso es lo que Yorgos Papandreu, el primer ministro, espera. Pero es peligroso olvidar el pasado, o recordarlo mal.
Edward Hadas