A fondo

El riesgo de hacer trampas en el solitario

A mediados de 2009, cuando el PIB aún caía fuertemente a ritmos del 4% el jefe del gabinete de estudios de una de las principales entidades financieras españolas confesaba a este diario en privado tener un cierto desasosiego por la evolución a corto y medio plazo de la economía española. "Temo que, dentro de unos meses, cuando surja el primer dato positivo de la economía española y el PIB vuelva a crecer, tanto el Gobierno como los agentes sociales respiren aliviados, lanzando las campanas al vuelo, como si ya no hubiera nada que hacer". Ese momento ya ha llegado. El Banco de España acaba de estimar que la economía dejó atrás la recesión en el primer trimestre del año, con un crecimiento del PIB del 0,1% en tasa intertrimestral. A la espera de confirmación oficial por parte del INE, el dato es, sin duda positivo, ya que se trata del primer crecimiento en casi dos años. Sin embargo no debe servir para la autocomplacencia, ya que todos los organismos internacionales y el propio Banco de España están alertando al Gobierno de que, sin reformas estructurales que renueven el tejido productivo, el país puede enlazar hasta seis años atrapado en una fase de exiguo crecimiento que no sirva para generar empleo. Con una tasa de paro del 20% de la población activa, la situación puede derivar en crisis social.

Además, a los problemas para generar ingresos públicos con un escaso crecimiento del PIB se une la presión que ejercen muchas partidas de gasto, comprometidas de antemano. Como ilustra el gráfico adjunto, la carga financiera de intereses de las administraciones públicas (servicio de la deuda), que ha ido reduciéndose lenta pero paulatinamente desde 1996, ahora ha invertido su tendencia. El año pasado aumentó por primera vez y se situó en el 1,8% del PIB (18.000 millones). Es muy probable que esta cantidad se eleve considerablemente dadas las nuevas necesidades de emisión de deuda previstas hasta 2013 (se llegará a un ratio de deuda sobre PIB del 74%) y el aumento de la prima de riesgo del bono español frente al alemán. A ello se suma la presión de otras partidas de gasto como la protección por desempleo (unos 30.000 millones por año), la financiación de la sanidad y la educación, y la conveniencia de no dejar en vía muerta las inversiones previstas.

No se debe jugar al póquer con la economía y menos hacerse trampas en el solitario, con un modelo productivo como el actual del que ya se conoce su corto alcance.