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Lealtad, 1

El peor de los engaños

Que nadie se llame a engaño. Una de las pocas esperanzas que quedan de que alguien en Fráncfort o Bruselas decida poner coto a la sangría es la exposición a España que tienen los bancos y aseguradoras europeos. O que el mercado tema pillarse los dedos y cierre posiciones. Nada más. Ayer Trichet dio luz verde a los ataques al descartar la recompra de deuda, y los inversores se dieron por enterados. La elevada volatilidad entre máximo y mínimo hace pensar que ya hay quien no las tiene todas consigo y teme un giro del mercado. Pero hay demasiado en juego para fiarlo a una carta. Con la deuda portuguesa en el 6%, las posibilidades de nuestro vecino de financiarse en el mercado se limitan. Portugal no es Grecia, pero el mercado puede llevar su deuda al 11%, como ha sucedido con la griega. ¿Habrá rescate entonces?

No hay peor mentira que la que se cuenta uno a sí mismo. Se puede escribir mucho, y con argumentos, sobre la necesidad de controlar el déficit público. Y es cierto, cuanto más se pueda reducir, menos dependencia habrá de los mercados. Pero argumentar que la furia de los hedge funds de estos días puede aplacarse con el BOE es desconocer cómo funciona el mercado. Hay que equilibrar las cuentas, sí, pero no se puede esperar que eso cambie la tendencia de los inversores. æpermil;stos quieren ganar dinero, y si se gana dinero atacando a activos españoles o italianos es lo que harán. Todos ellos y hasta nueva orden. Irlanda recortó los salarios de los funcionarios entre el 5% y el 15%, pero de poco ha servido para parar la tormenta. El leonino -y casi vengativo- plan de Grecia tampoco ha servido para aplacar al mercado.

Cuando empezó la crisis, el bono griego estaba en el 4,5%. Ahora está en el 11%. El laissez faire nos ha llevado hasta aquí. Pensar que los mercados servirían para empujar a Grecia -o España- a hacer los deberes y que luego los inversores se volverían por donde vinieron ha sido, y está siendo, un error. Quizá esté provocado por la falacia, refutada una vez tras otra, de que los mercados siempre son eficientes en todas las situaciones. O quizá por simple incompetencia. Hoy por hoy, sólo caben dos opciones. O seguir en el filo de la navaja esperando que el mercado se calme o confiar en que los 1,6 billones que Alemania y Francia tienen en deudas de España, Italia, Portugal y Grecia, según el BIS, provoquen alguna reacción.

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