COLUMNA

IVA y mercado laboral

El pasado marzo, según los Servicios Públicos de Empleo, el paro aumentó en 35.988 personas y se sitúa en 4,1 millones de desempleados, con un crecimiento anual del 15,6%. Hay que destacar la menor intensidad en el aumento del desempleo y el incremento por segundo mes consecutivo de los afiliados ocupados. España no ha sido ajena al igual que los países de la Unión Europea a los efectos de la crisis económica internacional y sus repercusiones en el deterioro del mercado laboral. Cuando disminuye el gasto privado, es necesario que el gasto público tome el relevo para paliar dichos efectos y el aumento del paro. Así, los países que han tenido dificultades han incurrido en déficit público: en un año la progresión ha alcanzado el 32% en España, 45% en Irlanda, 58% en Dinamarca y el 151% en Letonia.

Ante esta situación numerosos países, entre ellos España (20 puntos inferior a la media europea), se han marcado como objetivo prioritario limitar la deuda pública. Pero las diferentes estrategias posibles no tienen el mismo impacto sobre la economía y la sociedad. Si se intenta recortar el gasto público hay que procurar que recaiga en gastos que no afecten el funcionamiento del Estado del Bienestar. En caso contrario perjudicaría la política de protección social y de servicios públicos esenciales para el conjunto de la sociedad. La crisis ha mostrado hasta qué punto la protección social y los servicios públicos están siendo útiles como amortiguadores y contribuyen a la cohesión social.

Una de las estrategias para salir de esta contradicción -reducir el déficit público para frenar el aumento de la deuda pública- consiste en aumentar los impuestos. El déficit no se puede ajustar sólo por el gasto. Por ello, diversos países de la UE, entre ellos el nuestro, han decidido subir el IVA.

La historia demuestra que siempre que se abre el debate sobre los impuestos surge la polémica, incluso hay quién llega a anunciar rebelión fiscal. Aplicar impuestos y contentar a todo el mundo resulta imposible. Pero no aumentar los impuestos es trasladar la devolución de la deuda a las generaciones futuras, aunque es la generación actual, sobre todo de aquellos que buscaron ganancias a corto plazo, los causantes del origen de la crisis.

Hay quien opina que hay que bajar los impuestos para reducir el déficit. Pero diversas experiencias europeas muestran que las reducciones de impuestos han beneficiado a grupos sociales con renta elevada y no se traducen en un mayor consumo, aunque aumente la renta disponible, sino todo lo contrario. En situaciones de crisis e incertidumbre los ciudadanos optan por el ahorro. La tasa de ahorro, en 2009, se ha incrementado cerca de 6 puntos porcentuales y alcanzó el 18,8%, máximo histórico. Como consecuencia: reducir la incertidumbre es fundamental para recuperar la confianza.

Por otra parte, la experiencia de la economía española, como la de Alemania e Inglaterra, ante subidas anteriores de este impuesto indican que los consumidores anticipan sus decisiones de compra-adquisición de bienes duraderos- para evitar el aumento impositivo. De este modo, puede registrarse un aumento en el segundo trimestre para moderarse en el tercero como consecuencia de las decisiones de los hogares.

El Banco de España (Boletín de marzo) indica que el impacto de la subida del IVA sobre los precios y, por lo tanto, sobre el poder adquisitivo de las familias será limitado. Actualmente, los precios crecen poco (por debajo del 1%), frente a mayores aumentos de un año antes (5%). Por ello, apenas tendrá efectos sobre la renta disponible, por la lenta recuperación de la demanda y, tampoco, sobre el consumo y el empleo. Además, la subida del IVA supone un encarecimiento de las importaciones (no de las exportaciones) con lo que favorecerá la reducción del déficit por cuenta corriente (5% del PIB).

En conclusión, a nadie le gusta que le suban los impuestos, pero con un descenso de la recaudación y un aumento de los gastos públicos es una de las medidas que hoy se deben adoptar. Mantener el déficit en los niveles actuales sería una irresponsabilidad política. Reducir el déficit, mediante un plan de racionalización y eficiencia del gasto y el incremento del IVA, es lo más importante, en este momento, para lograr la sostenibilidad de las finanzas públicas y no perjudicar el crecimiento y el empleo, sin que el gasto social y la credibilidad financiera se vean afectados.

Vicente Castelló. Profesor Universidad Jaume I