Tortas por la empresa
De las empresas familiares podríamos decir, parafraseando el inicio de Anna Karenina, que todas las empresas familiares felices son en cierto modo iguales, mientras que cada empresa familiar infeliz lo es a su modo, ya sea como resultado de conflictos relativos a la participación en el capital de la compañía, relativos a la gestión, a la sucesión de la misma o a cualquier otro de los acontecimientos que pueden afectar al devenir de una sociedad.
Ello no obstante, la experiencia nos enseña que hay determinados rasgos propios de la litigación relativa a empresas familiares que aparecen con más frecuencia en este tipo de pleitos que en otros: la simetría de información entre las partes antes de comenzar las hostilidades, derivada de las relaciones familiares entre ellas; la importancia que las personas próximas a los litigantes tienen en la formación de la convicción que cada uno de ellos tiene acerca de la justicia o injusticia de su pretensión y acerca de la prosperabilidad de la misma; el peso que en tal convicción tienen factores extrajurídicos; la dificultad de alcanzar una transacción que resuelva la controversia en términos meramente económicos y, casi siempre, el fuerte componente emocional que para los litigantes tiene el pleito.
A la hora de diseñar la estrategia en este tipo de litigación, es importante evitar que el elemento emocional nos contamine y nos arrastre a la búsqueda de ventajas tácticas, sacrificando la visión global de la disputa. Muchas veces el análisis de los movimientos de la contraparte revela que su conducta sólo se explica por su fe en la fuerza de la táctica sobre la estrategia, en su convicción de que un movimiento táctico hará flaquear la determinación de nuestros clientes, ya consista éste en el planteamiento de un gran número de pleitos improsperables, a modo de bombardeo por saturación, en la realización de maniobras de obstrucción del funcionamiento de la sociedad, en la tentativa de perturbar la paz social en la compañía o en el recurso injustificado a la Administración Tributaria, a la Inspección de Trabajo o a la jurisdicción penal, que son algunos de los instrumentos de la caja de herramientas del litigante filibustero.
Frente a estas conductas, hemos de hacer valer la reflexión sobre la emoción. Si es cierto que uno de los elementos que más ha beneficiado a la empresa familiar es la búsqueda de la profesionalización en su gestión, esto es todavía más evidente en la gestión de los conflictos, en la que conviene tener presente aquella frase de Sun Tzu, que dice que la estrategia sin táctica es el camino más lento para la victoria, mientras la táctica sin estrategia no es más que el ruido que precede a la derrota.
Jorge Hernández Burriel. Socio de Cuatrecasas, Gonçalves Pereira