Las cosas del cambio climático van despacio
En los últimos meses el cambio climático ha pasado a ser un tema cotidiano en las conversaciones a pie de calle y en los medios de comunicación. Asimismo, cada vez más empresas e instituciones consideran en sus líneas de actuación los protocolos de protección del medio ambiente. Todo porque nos hemos dado cuenta como colectivo de que la tierra muestra signos de cansancio y enfermedad.
Ante esta situación, e incluso antes de que este tema fuera mediático, uno de los principales instrumentos para la lucha contra el cambio climático ha sido y sigue siendo el Protocolo de Kioto y la normativa europea derivada del mismo, que han marcado hasta ahora las obligaciones para empresas de determinados sectores y ubicaciones geográficas con respecto a sus emisiones de dióxido de carbono (CO2), habiendo supuesto, en muchos casos, un factor relevante en sus decisiones estratégicas y de inversión.
Paralelamente, los compromisos en materia de responsabilidad corporativa y los objetivos de ahorro de costes vía eficiencia energética han movido a empresas pertenecientes a sectores no regulados en esta materia a implantar de forma voluntaria medidas para la cuantificación y minimización de sus emisiones de CO2.
Tal y como se desprende del último Barómetro de empresas realizado por Deloitte, que incluye un capítulo sobre el medio ambiente, prácticamente la totalidad de las empresas está de acuerdo en que el medio ambiente les afecta de manera directa, bien como una oportunidad o bien como un coste, coste que se deriva de los objetivos de reducción de las emisiones de CO2. Es un punto en el que todos coinciden, pero en el que no muchos invierten; quizás por que no han encontrado un método adecuado para valorar el impacto positivo o negativo de las inversiones medioambientales en el flujo de caja de la empresa. Así, no sorprende que tan sólo un 24% de las compañías reconozca disponer de herramientas eficaces para la medición de sus emisiones.
En opinión de las empresas encuestadas, parece que la solución pasa porque el Gobierno potencie mediante incentivos económicos a aquellas empresas que dediquen más recursos a disminuir sus emisiones directas o indirectas, y es que la economía de mercado nunca es perfecta.
En los próximos meses el tema del cambio climático seguirá sobre la mesa y, ligado a él, las emisiones de CO2, para las que la mayoría de las empresas declara pretender, si no la reducción, por lo menos el mantenimiento en los niveles del año anterior. Lo veremos; porque hay muchas declaraciones de intenciones que luego se evaporan, muchas prioridades que atender y mucha normativa que desarrollar y aplicar.
Lo que será más difícil será poner a todas las partes de acuerdo. Sin embargo, no hay que arrojar la toalla. Poco a poco, y con el esfuerzo de todos, los retos se superarán siempre y cuando se aplique el sentido común, la innovación y alguien ponga el dinero. Seguiremos buscando
Helena Redondo. Socia de Deloitte