Salón internacional del motor

Ginebra trata de vencer el frío

Los pasillos del 80 Salón Internacional del motor de Ginebra parecen algo más llenos que hace un año.

El piloto de Fórmula junto a varios directivos de Mercedes en el Salón del motor de Ginebra
El piloto de Fórmula junto a varios directivos de Mercedes en el Salón del motor de Ginebra

Las caras, a primera vista, no se muestran tan serias, y en las palabras de los principales directivos de la industria fluye la esperanza aunque, también es cierto, son los mismos directivos que el año pasado auguraron que los meses venideros serían mejores que los pasados.

La jornada de prensa del primer salón automovilístico europeo del ejercicio se abre hoy en el palacio de exposiciones de la capital (llamado Palexpo, en lo que supone todo un dechado de imaginación). Afuera, menos aires gélidos de los que pudiera esperarse viendo las montañas nevadas de fondo. En el interior, algo más de calor del previsto, aportado no solo por la omnipresente calefacción (y menos aún por las anacrónicas, reprobables y considerablemente sexistas azafatas-florero que pueblan los stands), sino por las numerosas novedades que tratan de combatir el frío de la crisis.

Las presentaciones se suceden con puntualidad suiza cada 15 minutos. No son los derroches de humos, música y efectos especiales de antaño. No. Un micrófono, un directivo más o menos agraciado, uno o dos coches, medio centenar de periodistas... y mucha ilusión. No están los tiempos para grandes dispendios, y todas las empresas prefieren dedicar el dinero a desarrollar los coches o a mostrarlos en publicidad.

Eso sí, en pocos sitios puedes ir paseando viendo un Mercedes Benz con las de gaviota y toparte de frente con el temido Ferdinand Piëch (el omnipotente presidente del consejo de vigilancia de Volkswagen), acompañado de su mano derecha en el consejo de administración, Martin Winterkorn.

O descubrir que el presidente de Opel, Nick Reilly, te saca tres cabezas de altura (y aproximadamente dos cuerpos de anchura) y que en su mano cabe todo tu brazo derecho, ver lo bajito que es en realidad Carlos Ghosn, el presidente de Renault y Nissan y una de las grandes estrellas de la industria y medir cuántas sonrisas por segundo es capaz de esbozar un directivo japonés medio.

Y claro, además de todo esto, también hay coches, no sé si lo había mencionado. Y mucha apuesta verde, claro está. Mucha electricidad, mucho híbrido, mucho medio ambiente. Y bastante pequeño tamaño. No en vano, estamos en Europa, no en Detroit. Hay un Lexus, el primero de la marca japonesa en el segmento de los compactos, llamado CT200h, que se venderá sólo como un híbrido y que en unas líneas deportivas y bastante atractivas se adivina una parte trasera parecida al Seat Toledo. Y hablando de Seat, está la versión familiar del best seller Ibiza, el coche más vendido en España en febrero. Hay un nuevo Porsche Cayenne híbrido. Hay un nuevo Audi A1, la apuesta para el segmento compacto. Y la nueva Serie 5 de BMW, un imponente sedán. Está el pequeño Nissan Micra y el Nissan Juke, el hermanito pequeño del exitoso Qashqai, más deportivo y juvenil que el primogénito. Y el nuevo Opel Meriva, el monovolumen líder en su segmento que se fabrica en Figueruelas.

Hay deportivos imponentes de marcas absolutamente desconocidas para el gran público (y para muchos de los periodistas acreditados, para qué negarlo), como Fornasari, Mansori, Gumpert, la española Comarth (resucitada ahora par hacer coches eléctricos). Y nombres ya conocidos como Spyker o Koenigsegg.

Mucho coche. Mucho modelo que nunca podremos comprar. Muchos éxitos futuros en los concesionarios y muchas decepciones de algún que otro directivo. Lo malo de los salones es que aquí los automóviles están todos parados. Y, la verdad, no es lo mismo.