Relajación del riesgo
La situación de Grecia y los periféricos una vez más ha marcado un punto de inflexión en el devenir de los mercados, derivándose situaciones que, más allá de una realidad, se desdicen de los escenarios catastrofistas que varios medios de comunicación y analistas de mercados habían pronosticado sobre las posibilidades de impago de las emisiones de deuda de países como España, Portugal, Italia u otros periféricos.
El apoyo institucional que se ha manifestado a Grecia por parte de los jefes de Estado/Gobierno de la Unión Europea y de los ministros de Finanzas de los países de la UE y el Banco Central Europeo (BCE) ha relajado la situación de pánico que se había apoderado de los mercados de renta fija, reduciéndose los niveles de riesgo (CDS) y los diferenciales con el bono alemán.
Esta nueva situación ha propiciado el cambio de ánimo en los inversores. Una muestra es que el bono a dos años griego ha pasado de cotizar una TIR de 6,8% a estar en 5,1%, y el dos años español del 2,2% al 1,7%. De momento los diferenciales elevados persisten, pero están mejorando y previsiblemente no volveremos a los niveles pre-Lehman, ni pre-Grecia, pero el mercado debiera de sacar de su foco de atención el riesgo de default de estas economías. La protección contra el default nos sitúa en niveles algo más razonables (¡ya estábamos a la altura de Perú!).
Desde el lado español, las diferentes actuaciones de road show del Gobierno, el buen comportamiento de los primarios de Portugal (sobredemandados y mejorados sobre indicaciones de precio inicial) y las declaraciones de Moody's y Fitch reafirmando la calificación española (AAA) ha permitido que la última emisión de deuda a 15 años por sindicación de 5.000 millones de euros haya recibido una demanda de 14.000 millones de euros.
Desde el lado del crédito se mantienen los atractivos de valoración y el momento de ciclo, aunque seguirán expuestos a la volatilidad de los mercados de deuda soberana, por lo que su evolución tenderá a ser más errática. En su comportamiento ahora se observan anomalías técnicas como el hecho de que la deuda corporativa esté mejor valorada que los bonos de los Gobiernos respectivos. Este tipo de activos técnicamente son más complejos y necesitan de una selección de emisores, duraciones y ratings, que permitan recoger el recorrido aún existente.
Antonio Castilla. Socio director de CGA Patrimonios (Family Office)