Eric Schmidt

El rey de internet

El consejero delegado de Google ha desplegado sus buenas maneras en el Mobile World Congress. Lo primero son los negocios.

El rey de internet
El rey de internet

Si Eric Schmidt, consejero delegado de Google, tecleara su nombre en el mayor buscador de la red, tal vez podría venírsele a la mente la delirante escena de la película Cómo ser John Malkovich en la que el actor, que se interpreta a sí mismo, se introduce en su propia mente. Porque a pesar de que la empresa mantiene con recelo el secreto que activa el engranaje del gigante de las búsquedas, el algoritmo es simple: Eric Schmidt es Google, y Google es Eric Schmidt.

El rey de internet ha estado en España esta semana para asistir al Mobile World Congress de Barcelona. Allí le recibió la industria del móvil. Un auditorio inquieto que le acusó de interferir en sus negocios. Schmidt, de modales exquisitos y elegancia en las formas, intentó calmar los ánimos y enviar un mensaje claro al afirmar que "el móvil es lo primero". Google quiere ser uno de ellos.

"Se trata de que todos ganemos mucho dinero", dijo en el congreso de Barcelona. Por primera vez, el consejero delegado alejó públicamente el repetido hasta la saciedad eslogan de la empresa: nuestra mayor motivación no es maximizar beneficios, sino mejorar el mundo. La diferencia ahora es que Schmidt está a los mandos de una descomunal máquina de hacer dinero. Entre estar en China con restricciones, o no estar, eligió lo primero. A pesar de los dolores de cabeza que el gigante asiático le ha producido como país de origen de recientes ataques informáticos. Y es que Schmidt sabe donde está el futuro, tan cercano ya, que casi puede tocarse con las yemas de los dedos: el móvil. Google no ha perdido ni un minuto en lanzar su propio aparato, el Nexus One, y Android, un sistema operativo para móviles. El máximo responsable ha puesto manos a la obra a sus mejores programadores para que desarrollen tecnología para móviles.

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Esta clarividencia en los negocios no sorprende a Javier Rodríguez Zapatero, director general de Google España. "Eric Schmidt es un hombre con las ideas claras, con un conocimiento profundo. Una persona capaz de dibujar el mundo constantemente a 10 años vista. Su gran punto fuerte como líder", comenta con un deje de admiración en la voz. Un hombre maduro pero con un espíritu joven e inquieto, "como el de los antiguos exploradores del mundo", añade Zapatero. Esa motivación es lo que ha precipitado el éxito de Google.

Mucho ha llovido durante los 11 años que han pasado desde que dos estudiantes de Stanford, Larry Page y Sergey Brin, fundaran Google Inc. en un garaje de California. Por aquel entonces, cambiar el mundo era una motivación suficiente como para que en tan sólo tres años la empresa generara beneficios y contara con 200 empleados. En 2001, Eric Schmidt añadió su nombre a la selecta y corta lista de soñadores de Google. El inteligente ejecutivo, con experiencia en otras empresas del sector como Xerox o Novell, se hizo con el timón. Una decisión que, en principio, se tomó para contentar a los inversores. Schmidt, sin embargo, estableció enseguida una relación de respeto y confianza con los fundadores. Un triunvirato que impulsó la empresa a velocidad de crucero. Hoy, la compañía cuenta con más de 20.000 trabajadores.

Con Schmidt a la cabeza, Google es incluso inmune a la crisis. El buscador anunció en enero, un aumento del beneficio del 54% en 2009, un chorro de 6.520 millones de billetes verdes. El último trimestre de 2009 fue aún más favorable. Los ingresos se incrementaron un 17%, hasta los 6.670 millones de dólares. Para Schmidt, "un extraordinario final de año" en lo que ha sido un annus horribilis para el mundo.

Schmidt mantiene el control y toma las decisiones en los momentos decisivos. Un buen ejemplo de ello es su afición a pilotar. "Cuando vuela en el avión de Google, despega él, le pasa el mando al piloto del avión, y vuelve en el aterrizaje", cuenta Bernardo Hernández, director mundial de marketing de Google. Barack Obama, presidente de EE UU, parece haber tomado buena nota de ello. Conocido por saberse rodear del mejor equipo, Obama mantiene con Schmidt una estrecha relación como su asesor tecnológico.