COLUMNA

Parar la espiral griega

La cumbre de la UE de esta semana puede suponer un respiro para Grecia, ayudando al país a disminuir sus costes de financiación. Atenas ha vendido sólo 8.000 millones de euros de deuda pública en lo que va de año, y a un precio alto -6,1% el cupón para el bono a cinco años en los últimos meses-. Su programa de financiación requiere la venta de 54.000 millones de euros en el año, el 70% en el primer semestre. Además, se enfrenta a 21.500 millones de euros en amortizaciones y pagos de cupón en abril y mayo.

Grecia está atrapada en un círculo vicioso: los inversores exigen que se ponga orden al desbarajuste fiscal, pero mediante préstamos excesivamente caros que empeoran el problema. El objetivo del Gobierno de recortar el déficit en 4 puntos porcentuales en 2010 es alcanzable, aunque la probabilidad de ganarse la confianza de los mercados en los próximos dos meses sin ayuda externa es pequeña. Si el temor de los inversores suma 3,5 puntos porcentuales al rendimiento de la emisión de nueva deuda, los intereses este año subirán cerca de 2.000 millones, casi un 1% del PIB. La deuda griega asciende al 125% del PIB. A medida que la deuda madure, la penalización será cada vez más dolorosa. El Gobierno del país necesita la ayuda de la UE, y más temprano que tarde. Se suponía que, en principio, la cumbre europea trataría sobre el crecimiento. Los líderes de la UE, sin embargo, deberían alentar al presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, para que exponga de forma clara que la autoridad monetaria aceptará la deuda soberana griega como garantía, siempre y cuando el país mantenga su compromiso de reducción del déficit. La casa está en llamas, y la UE debe actuar. Olvídense del crecimiento, y concéntrense en Grecia.

Pierre Briançon