Viajes

Donde confluyen los cuatro elementos

Lanzarote ofrece una postal donde tierra, agua, aire y fuego aparecen retratados a un tiempo

No son pocas las referencias al paisaje lunar en las guías turísticas de esta isla canaria. Una analogía que viene explicada por las extensas llanuras de textura volcánica y colores ceniza que, casi despobladas, insuflan en el visitante el ánimo de un Neil Armstrong de menos vuelos. Y es que en Lanzarote, más que la Luna, lo que sí cabe es un empeño marciano por no sucumbir al voraz desarrollo inmobiliario.

La única torre alzada en los 800 kilómetros cuadrados de la ínsula es el Arrecife Gran Hotel. Un goliat fuera de hábitat. Cinco estrellas y diecisiete plantas para el alojamiento en la capital, que aparecen como una excentricidad y que rompen con el humilde sky line de la zona. En esa idiosincrasia estética -rara avis en esta época- tiene mucho que decir César Manrique.

Lanzarote no sería tal y como hoy es sin la intervención de este arquitecto, pintor, escultor y, sobre todo, ecologista, cuya máxima fue asociar la construcción con el arte y la naturaleza desde un respeto casi absoluto por los parajes y las costumbres heredadas. Además de la Fundación que acoge las obras del polifacético autor o el Monumento a la Fertilidad, otros muchos enclaves de la isla dejan ver la mano de Manrique.

Una casa incrustada en un volcán

Uno de los más anecdóticos es la Casa Omar Sharif, incrustada en las entrañas del volcán de Nazaret. El artista concibió en los setenta esta vivienda para el actor que, según dicen, la perdió luego en una partida de bridge. Después de eso, el egipcio nunca volvió a la isla. Ahora la casa es un restaurante llamado Lagomar, con opción de hospedaje y en el que también hay una zona para organizar exposiciones varias.

La exaltación del patrimonio natural queda, además, patente en la mayoría de los reclamos turísticos. Desde Los Jameos de Agua hasta La Cueva de los Verdes (en el norte), o el Jardín del Cactus y las Montañas de Fuego (en el Parque Nacional de Timanfaya). La particularidad virginal de todos ellos, junto con las extraordinarias playas que exhibe la isla -apuntar Punta Papagayo-, hicieron que la Unesco declarara a Lanzarote Reserva de la Biosfera en 1993. Aunque la presentación más ajustada de la isla pasa por subrayar que ésta ofrece una panorámica donde los cuatro elementos -tierra, agua, aire y fuego- impresionan en la retina a la vez.

Aparte de los atractivos para la vista, la isla tiene varios alicientes para el estómago. A las papas arrugás (con mojo picón) -típicas de todo el archipiélago canario- hay que añadir la vieja (en la foto). Un pescado autóctono de obligada ingesta y que es anunciado como old fish (pez viejo, lo cual no resulta muy apetitoso tratándose de un alimento en el que la frescura es básica) a los británicos y alemanes que ocupan las zonas más explotadas por la hostelería, como Puerto del Carmen o Costa Teguise.

Para acompañar, hay que elegir un vino con denominación de origen de la región. El cultivo de la vid conserva las técnicas ancestrales, capaces de extraer de un terreno calcinado un caldo único. La Geria (región interior) brinda un llamativo paisaje agrícola, con las plantas en hoyos realizados cónicamente para protegerlas del viento.

Porque puede que el aire no sople en la Luna, pero en Lanzarote los alisios son constantes. De ahí el amor de los surfistas -y windsurfistas- por la isla, y por la playa de Famara, de la que han hecho su templo.

Es Reserva de la Biosfera desde 1993 por su patrimonio natural

Guía para el viajero

Cómo ir. Ryanair (www.ryanair.com) ofrece billetes aéreos a precios muy asequibles desde Madrid. Para recorrer la isla, la mejor opción es el alquiler de un coche. En apenas dos o tres días, pueden visitarse todos los enclaves turísticos de obligada referencia.

Dónde dormir. Lagomar (www.lag-o-mar.com) dispone de dos bungalows individuales, concebidos para dos personas (reservas en el fax 928845369 o en info@lag-o-mar.com). Arrecife, Costa Teguise, Puerto del Carmen o Playa Blanca son las zonas con mayor concentración de hoteles, aunque buscar un apartamento en un pueblo marinero, como Orzola o Arrieta (en la costa noreste), puede resultar una atractiva alternativa.

Dónde comer.Cherne, mero y, por supuesto, vieja. El pescado fresco en el restaurante Amanecer (en Arrieta) es degustado en primerísima línea de mar, pues tiene una terraza ubicada excepcionalmente.