El dólar corre peligro y en Davos no lo saben

No lo ha dicho Roubini en Davos, pero el dólar, tarde o temprano, acabará desapareciendo. No este año ni el próximo. Quizá tampoco en esta década. Pero la historia demuestra que ninguna moneda sobrevive al paso del tiempo, ni siquiera la de los imperios.

Los desequilibrios de la unión monetaria estadounidense ya son evidentes. California (14% de la economía del país) estaba el año pasado al borde de la quiebra y su gobernador Schwarzenegger ni siquiera dispone de recursos suficientes para apagar los incendios que anualmente arrasan su territorio. El hundimiento de la industria automovilísitica nacional (mientras florece la japonesa, mucho más competitiva) también ha dejado agujeros negros como el de Detroit, donde incluso se hacen "apuestas" sobre cuánta población se quedará en la ciudad.

Se dice que la movilidad laboral y el presupuesto federal ayuda a compensar esos desequilibrios y permitirá que la Reserva Federal siga fijando los tipos de interés comunes para todo el territorio de EE UU. ¿Pero hasta cuándo aguantará la convivencia entre el nivel de vida (bajo) de Alabama o Luisiana y el desorbitante de Wall Street o Sillicon Valley? Parece que a diferencia de la zona Euro, la unión monetaria estadounidense tiene una periferia muy próspera y un núcleo duro condenado a la miseria o a la prisión (triple de población reclusa que la UE, con la mitad de habitantes).

Quizá el único consuelo para los partidarios del dólar, es que según Profecías Roubini S. A., el euro quizá desaparezca antes. Pero como decía la abuela de uno de los comentaristas de las declaracioines de Rounbini en CincoDias (que firma con el wagneriano seudónimo de Tanhausser), "a mañana no hemos llegado ni yo ni nadie de los de casa".

Comentarios

Un poco en broma, en el Semanario satírico El Pollo Urbano, Semanario Elegante para el Enano y el Gigante, que se publicaba con el Heraldo de Aragón, siempre salían las cotizaciones de bolsa, monedas, etc. La del oro se repetía siempre: Oro, no hay. Pues eso.
O como decía Keynes, 'a largo plazo, todos muertos'. El plazo eterno de los 'sin plazo'.
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