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Cuando las letras callan, hablan los abogados

Las polémicas se multiplican por los legados y herencias literarias.

Cuando las letras callan, hablan los abogados
Cuando las letras callan, hablan los abogados

Los 70 años de rendimiento de derechos de autor que recoge la legislación española garantiza a las creaciones artísticas una larga vida de productividad. Por ello las herencias suelen ser interminables disputas. Si en Estados Unidos las estelares suelen ser las que implican al mundo del rock, en España las más agitadas han sido tradicionalmente las literarias, como demuestran en las últimas semanas las noticias sobre figuras como Miguel Hernández, que este año celebra el centenario de su nacimiento, y Camilo José Cela.

Para el notario valenciano Joaquín Borrell, amante de la literatura que sigue estos casos, son una buena muestra de que la actual legislación sigue "pautas decimonónicas que rechinan bastante hoy en día. El hecho de que las dos terceras partes de las propiedades deban repartirse de manera automática entre los hijos es algo más propio de una sociedad agraria que de la actual".

Sin embargo, es con esa normativa precisamente con la que Camilo José Cela Conde ganó la pasada semana el primer round de su batalla legal con la última esposa de su padre, Marina Castaño. El testamento del Nobel concedía a su hijo, con el que no tenía buena relación, un cuadro de Joan Miró "de valor incalculable", que estimaba en los dos tercios de la herencia, y dejaba el resto en manos de una Fundación presidida por Castaño.

El fallo del juzgado de primera instancia número 40 de Madrid pone un valor de 190.000 euros al citado cuadro y determina que Cela Conde sea indemnizado con 5,2 millones de euros por Marina Castaño, estimando que la Fundación no es más que tapadera de una "transmisión onerosa simulada".

Distintas normativas

El caso, según Borrell, viene a reproducir un hecho que se da con mayor frecuencia de la que se cree: padres que no quieren dejar en herencia sus bienes a sus hijos. "Con la legislación actual, prácticamente tienen que delinquir para que se les desherede. Sin embargo, como algunas comunidades autónomas tienen legislaciones propias, se dan casos curiosos. Conozco el de una pareja que alquiló una casa en Navarra, se empadronó allí, y no dejó un duro a sus hijos en la herencia". En Navarra no está en vigor "la legítima", la norma de cesión obligatoria de dos tercios de la herencia a los hijos.

En el caso de Miguel Hernández, lo que se encuentra en disputa es el uso por parte de los herederos -la nuera y dos nietos del poeta, fallecido en 1941- de su legado: archivos, papeles manuscritos, recuerdos, etcétera. En círculos académicos se viene criticando las dificultades para acceder a ese material, que no debe ser muy numeroso dada la edad -31 años- a la que falleció Hernández. Por otra parte, se cree que podría haber material suficiente para publicar un libro con poesías inéditas.

Los herederos prestaron por un tiempo el material al Ayuntamiento de Elche, y ahora lo han ofrecido a éste y al de Orihuela por 1,7 millones de euros durante 20 años, oferta que no ha sido aceptada.

Existen dos organismos que organizan actos con motivo del centenario del poeta, uno de la familia y otro del Ayuntamiento oriolano, que no ha reformado la casa natal del poeta como prometió.

El as en la manga de Eva Gabrielsson

El fenómeno editorial del momento, la trilogía Millenium, se estima que ha generado 30 millones de euros en derechos de autor y más de 70 en otros conceptos, como la venta de los derechos cinematográficos. Sin embargo, la mujer que convivió durante 32 años con su autor, Stieg Larsson, no ha percibido nada, puesto que al no haber contraído matrimonio con el periodista, la legislación sueca señala que su herencia corresponde a su familia inmediata, en este caso el padre y el hermano, Erland y Joakim. La polémica entre una y otros se ha convertido en un tema recurrente en Suecia, como prueba de que la igualdad entre sexos tiene fisuras en un país que presume de socialmente avanzado.

Para redondear la confusión, lo más parecido a un testamento de Larsson -muerto prematuramente con 50 años-, aunque sin firmar, dejaba sus por entonces escasos bienes al Partido Socialista de su región natal, Umea.

Erland y Joakim ofrecieron a Gabrielsson dos millones de euros por zanjar el asunto y aseguran que no han tenido respuesta; ella, a su vez, afirma que no ha recibido esa propuesta de manera oficial, e insiste en que Larsson no tenía relación alguna con su familia.

Gabrielsson, que estuvo esta semana en Madrid para recoger un premio póstumo a Larsson, admite que guarda un as en la manga: en el disco duro de su ordenador hay 200 páginas que inician una aventura más de Lisbeth Salander. Pero no podrá terminarla si no tiene los derechos de los títulos previos.