La leche, ni muy fría ni muy caliente

Con apenas tres semanas de vida, parece que 2010 se caracterizará por unos mercados con los mismos gustos que Ricitos de Oro (Goldylocks, en inglés) que no quería la leche ni muy fría ni demasiado caliente.

Si resulta que la economía empezara a recuperarse con fuerza, se creara empleo y el consumidor saliera del refugio para volver a los grandes almacenes, es decir, la leche caliente, todo lo agradable que este escenario pudiera resultar para las empresas es probable que no se tradujera necesariamente en una mejora de los mercados. Pues la previsible mejora de los resultados empresariales que lógicamente conllevaría se vería a su vez empañada por el miedo, fundado o no, de un repunte de la inflación y la consiguiente subida de los tipos de interés.

Baste como ejemplo la evolución de la Bolsa China, que pese a un comportamiento extraordinario de su economía, ha empezado el año con recortes a causa del endurecimiento de la política monetaria.

Si por el contrario, la economía, pese a los incipientes brotes verdes fruto de los estímulos que ha recibido, no consiguiera coger tracción y volviera a retroceder, es decir, leche fría, tampoco sería bien acogido por los mercados que reaccionarían con caídas significativas. En este escenario la delación volvería a ser protagonista de los titulares con el agravante de que a las armas fiscales y monetarias para combatirla apenas les quedan balas, por lo que Japón podría ser un buen ejemplo de a lo que nos enfrentaríamos.

Los mercados, por tanto, lo que quieren y necesitan es la leche templada, es decir una economía que empiece a recobrar el pulso poco a poco. Que permita que los resultados de las empresas se vayan recuperando, que las finanzas públicas no sigan deteriorándose, pero que no ponga nerviosos a los banqueros centrales, que tendrían que empezar a subir los tipos si ven amenazas de inflación.

Por suerte esto es lo que más o menos vamos teniendo, no por ello exento de sustos los días que en desayuno nos encontramos la leche muy fría o nos abrasamos.

Joaquín Casasus. Director general de Abante