COLUMNA

No caben subidas de tipos

Después de pasar medio año en territorio negativo, la inflación española termina 2009 próxima al 1%, en tasa anual. El núcleo de los descensos mensuales de precios de consumo se produjo en cinco de los meses entre julio 2008 y enero 2009. La inercia de la tasa interanual hizo que ésta reflejara valores negativos más tarde, durante el periodo de marzo a noviembre de 2009, lo que sucedía por primera vez desde el comienzo de la serie, en 1976. Ello creó, justificadamente, una cierta preocupación, por el contexto económico de crisis en el que se produjeron.

La notable reducción de más de 6 puntos en la tasa interanual de inflación en tan sólo un año, desde 5,3% en julio de 2008 hasta su mínimo, de -1,4%, en julio de 2009 se debió a dos razones: el brusco descenso en precios energéticos y el drástico debilitamiento de la demanda agregada como consecuencia de la crisis financiera y económica.

Ambos efectos han sido importantes, pero no se habría entrado en terreno negativo si no hubiesen coincidido. El precio del barril de Brent había experimentado un fuerte repunte desde 54 dólares en enero de 2007, a 133 dólares en julio de 2008. Aún más brusco fue su desplome a 40 dólares en diciembre de dicho año. Una tremenda volatilidad que ha tenido su reflejo en la volatilidad de la inflación en todas las economías desarrolladas, lo que por sí sólo ya habría generado dificultades evidentes en la puesta en práctica de la política monetaria. Tuvo asimismo su reflejo en caídas interanuales de hasta un 15% en el componente de precios energéticos del IPC en el tramo central de 2009. Teniendo este componente un peso cercano al 10% en el índice, es fácil ver su relevancia en la reducción de la inflación antes reseñada. El resto podría decirse que ha sido producido por los recortes de precios motivados por una demanda extremadamente débil que no permitía dar salida a los productos de consumo.

Las previsiones apuntan a una inflación interanual del 1,8% a finales de 2010, tras un máximo de 2,1% en octubre. La realidad será distinta, en parte por la más que probable aprobación de la subida de tipos del IVA en junio, lo que podría elevar las cifras anteriores alrededor de 2 décimas. La inflación media estará en el rango 1,8%-2,0%. Esto hace que surjan voces augurando una elevación de tipos por parte del Banco Central Europeo. No cabe duda de que, dado el mayor deterioro de nuestra economía y las fuertes dificultades que vamos a encontrar para recuperar una senda de crecimiento que permita generar empleo, una subida de tipos es lo que menos necesitamos.

Cabe hacer dos consideraciones: por un lado, si bien puede ser aconsejable para el BCE elevar sus tipos de intervención cuando se establezca una predicción de desbordamiento del umbral del 2% establecido para la tasa de inflación, éste no es el momento. Las previsiones apuntan a un comportamiento muy moderado de la inflación en 2010 en la eurozona, en torno al 1,1%, y algo más elevada durante el año siguiente. No es éste el contexto inflacionista que llama a un endurecimiento de las condiciones monetarias, y así lo ha reconocido el BCE en su reunión de ayer.

Por otro lado, una vez que se produjo el brusco descenso en inflación durante la segunda mitad de 2008, ésta ha seguido un comportamiento bastante predecible. Escrito queda en estas páginas ya en abril (Inflación negativa 16/4/09) que el riesgo de deflación era prácticamente nulo, que la tasa anual de inflación se volvería positiva en noviembre, como así sucedió, y que cerraría 2009 y 2010 en las tasas antes expuestas. Esto quiere decir que, en lo relativo a la tasa de inflación, no disponemos en este momento de información que no tuviéramos ya hace bastantes meses y, por tanto, no hay en el comportamiento de los precios razón para alterar el signo de la política monetaria. æpermil;sta deberá cambiar de tono cuando indicios nuevos, relativos a un crecimiento más robusto, o a un inesperado repunte de precios energéticos, eleve las previsiones a medio plazo de la inflación. Quizá esto suceda a lo largo de este año, pero no cabe argumentar la necesidad de una política monetaria más restrictiva sobre el comportamiento hasta ahora observado en los precios de consumo.

Alfonso Novales. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense