Grecia no se merece el euro, pero el euro se merece a Grecia

Grecia no se merece el euro, pero el euro se merece a Grecia

Grecia ha vuelto a tomar el pelo a la Comisión Europea con sus datos sobre déficit y deuda pública. La enésima corrección estadística revela corrupción e incompetencia en Atenas. Pero no deja en mejor lugar a Bruselas.


Hace cinco años, Eurostat, la oficina de estadísticas de la Comisión Europea, entonces dependiente del comisario Pedro Solbes, descubrió que los datos sobre déficit y deuda facilitados por Grecia no respondían a la realidad. En particular, los correspondientes al período 2000-2003, que permitieron a Grecia convertirse en el décimosegundo socio de la Unión Monetaria en 2001 con un presunto déficit del 2% (en el año 2000) que en realidad era del 4,1%. El máximo permitido por los criterios de Maastricht es el 3%.

Eurostat, ya bajo la autoridad política de Joaquín Almunia, ha descubierto ahora que los datos entre 2005-2008 tampoco responden a la realidad.

El nuevo hallazgo, según el informe publicado esta semana por la Comisión, guarda paralelismos con el de 2004. El más evidente (y preocupante) es que se produce después de unas elecciones generales (octubre 2009) y un cambio de Gobierno (los socialistas de Papandreou desalojaron del poder a los conservadores de Karamanlis, al contrario que en 2004). Y que la revisión de datos se debe a errores metodológicos por parte de las autoridades griegas.

Pero también hay novedades que indican que el desprecio de Atenas hacia las normas de la zona Euro ha ido en aumento. Y que la capacidad de la Comisión para verificar los datos no ha mejorado a pesar de la reforma introducida en 2005 tras el primer fiasco.

Esta vez, muchos de los errores parecen deliberados y debidos a una descarada manipulación política. Incluso después de las elecciones, el instituto de estadísticas griego, según el informe, "contactó repetidamente a Eurostat invocando interferencia política sobre la provisión de datos y el envío de una notificación [de déficit y deuda] revisados".

La otra lectura del nuevo escándalo contable es que Eurostat sigue siendo incapaz de comprobar de manera fehaciente la fiabilidad de los datos que recibe. En abril de 2009, a unos meses de las elecciones, la Oficina comunitaria validó las cuentas de 2008, que daban un déficit de 5% (casi tres puntos por debajo de la realidad). "A juzgar por los resultados, esta decisión no parece que fuera la apropiada", se disculpa Eurostat en su informe, aunque atribuye su candidez a la información disponible en aquel momento y a que Atenas corrigió algunos datos puestos en cuestión por Bruselas (es decir, los griegos regatearon con las estadísticas).

Pero la conciencia contable de la Comisión no debe estar muy tranquila porque dedica buena parte del informe a defenderse y a recordar que en la última reforma, los ministros de Economía no dieron a Eurostat todos los poderes de auditoría que deseaba. Y en un claro reconocimietno de impotencia, añade que la estructura actual de la administración griega en relación con las estadíticas no puede garantizar que las cifras futuras vayan a estar libres de interferencia política.

El desastre es de tal magnitud, según Eurostat, que en algunos casos las cifras ni siquiera cuentan con la certificación necesaria o la documentación por escrito. A veces, incluso se comunican simplemente por teléfono. Vista la situación económica del país, probablemente el Gobierno griego llama a cobro revertido y la Comisión paga la factura.

Foto: "El euro en perspectiva", del archivo de la CE.

Comentarios

Otra prueba más de que quienes nos administran, local, autonómico, estatal y comunitariamente, nos exigen rigor exquisito a los simples ciudadanos en los trámites, y que no falte una coma, pero a la hora de presentar sus cuentas y de fiscalizarlas les vale la cuenta la vieja, eso sí la conocen.
El artículo nos apunta la solución, hay que dar poderes de auditoría a Eurostat. Por cierto, también habría que dar poderes de auditoría al INE español sobre las estadísticas autonómicas y municipales. O atreverse a ejercerlos, si ya los tiene.
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