Motor

La conducción en el invierno

Imagen del Porsche Cayenne en nieve
Imagen del Porsche Cayenne en nieve

Con la llegada del invierno, la conducción se vuelve mucho más peligrosa, tanto por la peor visibilidad como por el asfalto deslizante. Con el suelo mojado, las frenadas se alargan y el agarre en curvas es muy inferior. Por lo tanto se convierte en fundamental contar con neumáticos en buen estado, con profundidad en el dibujo y la presión correcta. Además, en agua y nieve hay que ser suave y progresivo en el manejo del volante, el acelerador y el freno, anticipándose en la medida de lo posible. También conviene moderar la velocidad para evitar el aquaplaning, es decir, que los neumáticos se deslicen sobre el agua.

Si va a viajar a zonas nevadas, llene el depósito a tope por si se queda bloqueado. Hay que llevar cadenas, que se deben montar en el eje con tracción. Compruebe que su coche puede llevarlas, porque ciertos modelos con grandes llantas no las pueden montar, y los usuarios se enteran cuando ya es tarde. Aún mejor que las cadenas son los neumáticos de invierno.

Muchos coches modernos llevan también control de tracción y de estabilidad. Si al circular sobre nieve las ruedas patinan y el control corta continuamente la tracción (se iluminará en el cuadro de mandos el testigo), conviene desconectar este sistema mediante la tecla al efecto, y circular despacio. Respecto al hielo, extreme la precaución en zonas húmedas y sombrías.