Más que una piedra, un soplo de arena

Cuando estamos ya encarando el final del ejercicio 2009 y al que más y al que menos ya le han dicho el día de la cena de Navidad de la empresa, de repente ha surgido una piedra en el último tramo del camino andado este año.

El anuncio por parte de las autoridades del emirato de Dubai sobre el deseo de hacer una moratoria de seis meses en el pago de su deuda ha sido interpretado por los mercados como la antesala de una quiebra de la deuda soberana, saltando el seguro de impago a niveles por encima del 6,50%.

El nerviosismo a un contagio tipo Lehman ha corrido como la pólvora y el mercado ha ajustado inmediatamente la exposición de cada banco, constructora, etcétera como si fuera a perder todo lo invertido en aquel país de Oriente Próximo.

Las materias primas, con el oro a la cabeza, han recortado desde niveles máximos siguiendo la recuperación del dólar que ha pasado de 1,51 a 1,48 frente al euro.

Y a partir de aquí, la pregunta de siempre: ¿y ahora qué? Uno no tiene intención de discutir las extravagancias y excesos megalómanos que han podido producirse en Dubai con hoteles de superlujo, islas artificiales, cientos de rascacielos surgidos de la nada como si fuera irse a vivir allí la clase pudiente de medio mundo… ya saben el petrodólar lo aguantaba todo. Pero resulta que si ahora, el primo hermano rico, léase Abu Dhabi, ya no pone la chequera, vaya usted a saber por qué, alguno que otro que acudió al calor de aquella burbuja se pueda pillar algún dedo de la mano.

Ahora bien, de ahí a pensar que estamos asistiendo al comienzo de una nueva crisis sistémica global que se lleve por delante lo ganado este año en los mercados y nos devuelva a la casilla de salida de los mínimos de marzo, hay una diferencia muy importante.

Uno está por pensar que más que una gran piedra en el camino se trata de un soplo de arena en el ojo proveniente del desierto. En todo caso Felices Fiestas.

Luis Peña Kaiser. Consejero delegado de Fonditel Pensiones