Dame pan y llámame tonto

Nuño Rodrigo - 12/11/2009

Gordon Brown, finalmente, ha retirado su propuesta de gravar al sector financiero con una suerte de tasa Tobin, cuyo objetivo sería la cobertura de futuros rescates bancarios. Por más que la idea no se diferencia mucho de la estructura actual del Fondo de Garantía de Depósitos español o el FDIC estadounidense, los ministros de Finanzas del G20 no consideran necesario este tipo de tasa. Al parecer siguen confiando en la generosidad de los contribuyentes para con el sector bancario, cifrada hasta el momento en el entorno del medio billón de dólares.

La banca salió bien parada de esa parte de la reunión del G-20. Y también de la otra parte. Los líderes se mostraron de acuerdo en prolongar los estímulos económicos. La noticia permitió a las Bolsas escalar de nuevo a zona de máximos, y ese mismo día, con la resaca de los 7,3 millones de empleos destruidos sólo en Estados Unidos, Bloomberg y Reuters avanzaban sus cálculos sobre los bonus de las firmas de Wall Street, que marcarán este ejercicio un nuevo máximo histórico.

Pasado el crac de Lehman, el dinero fluye hacia arriba y las consecuencias de la crisis, hacia abajo. Esta asimetría es particularmente llamativa si se piensa que, un año después del amago de Apocalipsis, ha llegado antes una posible burbuja en los precios de los activos que la regulación del sector financiero.

Cierto, los banqueros no ganarían hoy un concurso de popularidad. Desde que estalló Lehman Brothers se han sucedido las declaraciones sobre la necesidad de evitar que se repita. Ahora bien, cuesta recordar alguna medida que se haya tomado al respecto, más allá de requerimientos de más capital, propuestas de una cámara de contrapartida para los derivados o debates sobre los bonus. Cuestiones más de forma que de fondo. En el fondo, han recibido barra libre de dinero de los bancos centrales, ayudas gubernamentales y la promesa tácita de que no quebrarán. ¿Quién da más? nrodrigo@cincodias.es

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