GM saca cartas nuevas para Opel
La decisión de General Motors de dar marcha atrás en la venta de su filial europea ha supuesto una enorme sorpresa para los Gobiernos de los países con factorías de Opel (Alemania, Reino Unido y Bélgica, además de España), para sus trabajadores e, incluso, para Magna, la potencial compradora. Todos mostraron su estupor cuando anunció su inesperada decisión el consejo de General Motors, nombrado por la Administración Obama tras concederle al gigante de Detroit decenas de miles de millones de dólares en ayudas para evitar su quiebra.
Desde agosto, la multinacional ya expresó la posibilidad de no vender a Magna, un comprador que nunca la convenció. Entre otras cosas porque Sberbank, el socio de la empresa de componentes austriaco-canadiense, podía ser la puerta para que un grupo automovilístico ruso se hiciese casi sin coste con la tecnología de Opel y cerrase el paso a la firma estadounidense en aquel enorme mercado.
No se comprende bien que General Motors haya permitido que las conversaciones de Magna con los trabajadores y los Gobiernos afectados hayan llegado tan lejos. A nadie se le escapa el desgaste que han supuesto, también en términos de política europea. La utilización electoralista practicada por Angela Merkel del acuerdo con Magna, sin embargo, sí le produjo a la canciller un importante rédito. Sus electores sabrán ahora qué valor tenía aquel acuerdo.
Al margen de las formas, GM no es la peor opción para Opel. En el caso de España, el cambio debe beneficiar a la planta de Figueruelas, que GM siempre ha sabido valorar más de lo que estaba haciendo Magna. Aunque seguramente sufrirán cambios, en los planes que trascendieron en febrero -antes de que se pusiese en venta Opel-, la planta española recibía la producción de Eisenach. Y las fábricas alemanas eran las más perjudicadas, pues también se barajaba el cierre de otra, Bochum, además de la belga de Amberes.
Alemania no ha esperado y ya amenaza con anular las ingentes ayudas que aprobó para Opel, además de reclamar los 1.500 millones que sirvieron de balón de oxigeno para dar tiempo a completar el acuerdo con Magna. Es de suponer que General Motors contaba con esa reacción, así como con la huelga que ya han convocado los empleados alemanes, antes incluso de conocer los nuevos planes.
Por eso es urgente que GM despeje las dudas y presente sus planes con detalle. Ayer anunció que sobran 10.000 de los 50.000 empleos de Opel, una cifra similar a la calculada por Magna. Y aquí el Gobierno español debe estar muy vigilante. Primero, porque Merkel tiene ahora mucho más en juego, y va a jugar duro, aunque conviene recordar que aseguró a Bruselas que sus avales no estaban ligados al comprador. El entorno ha cambiado, pero sigue siendo difícil creer que la solución final no será política: tras las grandes ayudas, GM es hoy una empresa pública.