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A fondo
Análisis

Brasil tira de Tobin para no pagar los platos rotos

Los controles de movimientos de divisas no son nada extraordinario; aunque la vorágine financiera que ha marcado la última década parezca ocultarlo. Chile impuso controles en los años 90, Suiza en los años 60 y Hong Kong y Malasia tras la crisis de 1997. Hoy, China deja entrar con cuentagotas el dinero foráneo. Brasil lo ha hecho esta semana después de que el real se haya apreciado de 2,5 dólares a 1,7 en pocos meses.

Los expertos consideran, en su mayoría, que la medida anunciada la semana pasada no va a tener efectos más allá de los coyunturales. Pero invita a la reflexión que, mientras Brasil cierra las puertas al dinero foráneo, la Reserva Federal de Estados Unidos ha llevado los tipos de interés al 0% y ha expandido su balance de forma exponencial. Este movimiento, unido al respaldo casi incondicional al sector bancario, ha promovido la espectacular revalorización de los precios de los activos de la que disfrutan hoy por hoy los mercados. Los emergentes, cuyas perspectivas económicas son mejores, han sido los grandes beneficiarios. Pero hay demasiado dinero en circulación y, nadie quiere ser otra Islandia.

El caso islandés es un ejemplo de los riesgos del exceso de liquidez, pero algo similar ha sucedido en los últimos años en otros países. La práctica del carry trade, es decir, pedir dinero prestado en Europa, Japón o EE UU para invertirlo en la pequeña nórdica, provocó una burbuja financiera de grandes proporciones. El dinero fácil permitió a los bancos islandeses entrar en una vorágine de captación de pasivo exterior, y en paralelo la fortaleza de la divisa hacía muy baratas las importaciones, financiando el consumo. Cuando el dinero dejó de llegar, Islandia simplemente no tenía divisas para hacer frente a sus compromisos.

El caso de los mercados emergentes es similar. "Las economías emergentes están liderando una recuperación a partir un ciclo bajista que no fue obra suya. Las perspectivas de mayor crecimiento (y mayores tipos de interés) en los mercados emergentes son susceptibles de atraer cantidades significativas de capital especulativo a muchas de estas economías", explicaba a principios de este mes el Institute of International Finance. Según esta firma de análisis, los flujos de capital hacia los emergentes alcanzarán los 349.000 millones de dólares este año, para pasar a 672.000 en 2010, aún lejos de los 1,25 billones de 2007. Según JP Morgan, los flujos extranjeros hacia la deuda y acciones brasileñas han sido de 6.000 y 21.000 millones de dólares, respectivamente.

"Cuando los flujos de fondos se mueven bruscamente, los países tienen problemas de estabilidad en el tipo de cambio. Brasil tiene muchas relaciones comerciales con Argentina, y está perdiendo competitividad por la divisa, ve riesgos de que se traslade producción industrial a Argentina", explica José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. "Es como una tasa Tobin, y de hecho Tobin la propuso para estos casos, para mitigar la volatilidad poniendo arena en los rodamientos".

¿Podrá Brasil controlar los flujos de capital? Un estudio del centro de estudios estadounidense NBER, basado en la experiencia de Chile, concluye que los controles de divisas tienden a depreciar la moneda y reducir la exposición a turbulencias exteriores. Según JP Morgan, "los flujos de capital seguirán ahí, y el Banco Central tendrá que secar el exceso de dólares, pero los inversores respetarán las amenazas de nuevas medidas".

De todos modos, quizá, la lección más importante de la decisión de Brasil es que, mientras el sistema financiero occidental depende de la política ultraexpansiva de los banqueros centrales, aquellos mercados en los que se solían cebar los cracs recelan del dinero fácil. Si hay un ejemplo del cambio de paradigma, ése es Brasil.

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