COLUMNA

Saneamiento coyuntural de la economía

La dureza de la crisis que atravesamos en la actualidad genera una elevada incertidumbre acerca de las rentas futuras de los hogares, en respuesta a la cual es óptimo reducir drásticamente el consumo y aumentar, en consecuencia, el ahorro en prevención de posibles dificultades futuras. Esto explica que la tasa de ahorro de los hogares e instituciones sin ánimo de lucro se elevase hasta el 24,3% en el segundo trimestre de este año, muy por encima de su nivel de 13,5% de hace un año. La consecuencia directa es una capacidad de financiación notable por parte de los hogares: 29.000 millones de euros, casi un 11% del PIB del trimestre.

Las instituciones financieras generaron una capacidad de financiación menor, de 4.000 millones de euros, prácticamente compensada con una necesidad de financiación en cuantía similar por parte del resto de las empresas. Las compañías no financieras incrementaron su renta disponible pero, unida a las subvenciones recibidas, no fue suficiente para financiar su inversión.

Finalmente, el descenso en ingresos tributarios, junto con el fuerte incremento del gasto social, hizo que las Administraciones públicas generasen una necesidad de financiación de casi 40.000 millones de euros. De modo consolidado, el conjunto de la economía necesitó financiarse en 10.000 millones del resto del mundo, un 4% del PIB trimestral, pero muy por debajo del casi 9% del PIB trimestral de hace un año. En definitiva, son éstas cifras las que denotan un saneamiento financiero muy significativo.

Hay que tener en cuenta que la tasa de ahorro de los hogares tiene un comportamiento estacional muy marcado, siendo menor en el primer y tercer trimestre y mayor en el segundo y cuarto trimestres, y especialmente en este último sigue un comportamiento al que no son ajenas las pagas salariales extraordinarias. Sus fluctuaciones a lo largo del año suelen ser muy bruscas, y el venir acompañadas de una oscilación entre una tasa de ahorro en torno al 5% en el primer trimestre y de alrededor del 20% en el cuarto trimestre son la norma habitual, por lo que examinar uno solo de los valores trimestrales resulta delicado.

Para corregir la estacionalidad suele calcularse la media de los últimos cuatro trimestres. Dicho promedio se ha elevado del 11% en el segundo trimestre de 2008, coincidiendo con la explosión pública de la crisis, al 17,5% del mismo trimestre de este año. La tendencia es evidente, y continuará mientras siga la incertidumbre acerca de los ingresos futuros, lo que va a ocurrir mientras no comience a crearse empleo de manera significativa, para lo que posiblemente tengamos que esperar hasta el tercer trimestre de 2010.

Estamos asistiendo a un fenómeno coyuntural, no estructural, que está teniendo la misma radicalidad que la crisis económica que lo motiva. Pero no estaría de más aprovechar la ocasión para plantearse lo saludable que sería disponer de manera permanente de una tasa de ahorro que permitiese financiar la formación de capital físico y humano, así como la inversión en nuevas tecnologías que precisa la economía española. Las reducidas tasas de ahorro de los hogares en la fase expansiva previa han hecho a la economía española excesivamente dependiente del exterior, lo que se refleja en los insostenibles niveles de déficit por cuenta corriente que ha arrastrado y que han convertido a España en la segunda economía más dependiente del ahorro externo.

Como parte de un diseño coherente de política macroeconómica, sería importante disponer de un escenario deseable de futuro en el que la inversión empresarial encuentra un núcleo importante de financiación interna. En el horizonte más inmediato, la capacidad de financiación del resto de mundo puede estar bastante concentrada en algunas economías emergentes, y cabe esperar que sea muy selectiva al escoger el destino de dicha fuente de financiación.

Nada mejor para captar su atención que tener un proyecto de futuro sólido y creíble que describa hacia dónde quiere dirigirse la inversión empresarial. Todavía mejor si dicho proyecto va acompañado de los incentivos fiscales precisos a tal fin y muestra una capacidad significativa de financiación interna que haga necesario financiar externamente tan sólo un porcentaje relativamente menor de dicha inversión.

Alfonso Novales. Catedrático de Análisis Económico de la Universidad Complutense.