Digitalización de fondos editoriales

La CE apoya la solución de Google para la digitalización de las bibliotecas

La Comisión Europea alertó ayer sobre el retraso de Europa en la digitalización de sus ingentes fondos editoriales y abogó por una reforma de las normas sobre derechos de autor que permita acuerdos con los editores y autores como el cerrado por Google en EE UU.

La Comisión Europea señaló ayer que, a pesar de proyectos como el de Europeana (auspiciado por la propia Comisión), sólo se ha digitalizado el 1% de los libros guardados en las bibliotecas europeas. Bruselas alertó del retraso y reconoció la necesidad de contar con capital privado para llevar a cabo una tarea "de proporciones hercúleas".

La petición de ayuda, suscrita de manera conjunta por la comisaria europea de Sociedad de la Información, Viviane Reding, y el comisario de Mercado Interior, Charlie McCreevy, se hizo pública aprovechando la audiencia convocada por la Comisión Europea para juzgar un reciente acuerdo alcanzado por Google con los editores y autores estadounidenses que zanja su conflicto sobre derechos de autor. Ese acuerdo, todavía pendiente de revisión judicial en EE UU, permitirá al buscador de internet por antonomasia digitalizar millones de libros descatalogados o "huérfanos" de derechos de autor.

Representantes de Google y de los autores y editores estadounidenses defendieron ayer con aparente solvencia los términos de un pacto que fija el reparto entre las dos partes de los posibles beneficios derivados de la digitalización (63% para los autores y el resto, para la compañía de Mountain View). E insistieron en que se trata de un acuerdo "estadounidense" que no pretende imponerse a otras jurisdicciones.

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Pero las explicaciones no calmaron la inquietud de libreros y editores europeos, que acusan a Google de violar las normas de propiedad intelectual, de intentar monopolizar la explotación digital de millones de obras y de pretender convertirse en el cancerbero exclusivo de las bibliotecas del siglo XXI. "¿Tienen que ser las fuerzas del mercado las que regulen el acceso a la información y a la herencia cultural?", preguntó Dorothea Zechmann, de la Biblioteca Nacional de Alemania, en una de las intervenciones más duras de toda la audiencia. Representantes de bibliotecas y universidades también criticaron que el acuerdo impida el acceso a los libros digitalizados desde ordenadores situados fuera de EE UU.

A pesar de esta inquietud, Bruselas tendió la mano a Google. Reding y McCreevy dieron la bienvenida en su comunicado a la colaboración del capital público y privado en la digitalización de libros. Y aseguraron que la prioridad de los legisladores europeos debe ser adoptar un marco legal que facilite el despliegue de servicios "similares a los que ha hecho posible en EE UU el reciente acuerdo de Google". Los dos comisarios piden "una mirada sin compasión al sistema de copyrigth que se aplica hoy en Europa" y expresaron sus dudas sobre la compatibilidad de ese sistema con el nuevo entorno virtual.

Malestar

Las palabras de Reding y McCreevy chocaron con las reivindicaciones de los editores presentes en la audiencia, partidarios de una digitalización acorde a a la tradición europea sobre protección de los derechos de autor. Antonio María Ávila, representante de la Federación de Gremios de Editores de España, no ocultó su malestar durante los debates y en declaraciones a CincoDías mostró su disgusto tanto con Google como con la Comisión. Ávila acusó al buscador de no haber facilitado, como había prometido, la relación de obras españolas digitalizadas. Y lamentó el retraso de la Comisión, "más de un año", en convocar al sector para debatir un tema en el que se juega su futuro.

Una ventaja de 10 millones de ejemplares en 400 lenguas

La pasión bibliófila, el negocio editorial, la deslumbrante tecnología y la sospecha de algún interés oculto se mezclaron ayer a partes desiguales durante la audiencia celebrada en Bruselas para analizar el acuerdo de Google con los editores y autores estadounidenses.

Los profusos debates sobre derechos de autor, disponibilidad comercial de las obras o derecho de la competencia en el sector editorial arrancaron a las 10.15 de la mañana y se prolongaron hasta pasadas las cinco de la tarde. Salvando la jerga digital, las diatribas sobre las bibliotecas del siglo XXI encajarían en una novela de Eco o de Borges. Pero las cifras del posible negocio del libro digital no son literatura. Y Fran Dubruille, de la Federación Europea de Libreros, recordó que en ese mercado Google lleva ya "10 millones de libros de ventaja a cualquier posible competidor". Ese es el número de libros digitalizados ya por Google en 400 lenguas, según indicó la compañía.

El buscador promete ajustarse a la ley europea

Los representantes de Google y de los autores y editores estadounidenses insistieron ayer en el carácter inofensivo de su acuerdo durante la audiencia celebrada en el centro de conferencias Borschette de Bruselas. Y atribuyeron la inquietud suscitada en Europa a "malentendidos e incomprensión".

Dan Clancey, director de ingeniería de Google, presentó el convenio como "una solución para el pasado, y no para el futuro", como parecen temer los editores europeos. Y se mostró dispuesto a buscar una solución equivalente "para el mercado europeo".

Daphne Keller, consejera de Google, añadió que la compañía respetará siempre en territorio comunitario las leyes europeas sobre protección de datos y copyright. Y el futuro presiente del Registro central estadounidense de libros digitalizados por Google, Michael Healy, señaló en una rueda de prensa que en ese órgano, previsto en el pacto firmado por la compañía, los editores y los autores, se dará cabida a dos personas procedentes de fuera de EE UU. Aunque precisó que no necesariamente tendrían que ser europeas, a pesar de que casi el 50% de la edición original de los libros digitalizables en EE UU procede del Viejo Continente.

Google también negó durante la audiencia cualquier tentación de censura sobre el contenido de los libros digitalizados. Y subrayó que en su servicio de buscador sólo retiran material por exigencia legal del país donde operan, pero siempre se lo indican al usuario.

La Comisión Europea deberá hacer ahora balance de todas las opiniones. Pero su conclusión parece ser que, con o sin el proyecto de Google, la ley europea de derechos de autor se ha quedado anacrónica.