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La sociedad del control no da tregua al ciudadano

La privacidad merma día a día con la excusa de aumentar la seguridad.

La preocupación que sembraron los ataques terroristas del 11-S fue el punto de partida para que los Gobiernos de Estados Unidos y Europa aumentasen los dispositivos de control. La promesa de una mayor seguridad es la justificación que esgrime el poder, sin embargo la privacidad del ciudadano está cada vez más invadida. Y lo más inquietante es que la tendencia va en aumento.

Uno de los sistemas que plantea mayor controversia es la proliferación de los dispositivos de videovigilancia. En España más de 22.000 cámaras graban los movimientos de los ciudadanos. Un número que se ha duplicado en sólo un año y que se reparte tanto en lugares públicos como privados.

Las calles de la ciudad son ahora más indiscretas que nunca. También los medios de transporte, los comercios, hoteles y, por supuesto, las empresas son lugares que disponen de un ojo que todo lo ve y que pugna por ampliar su campo de visión día tras día.

Vigilancia las 24 horas

En Madrid, por ejemplo, la Empresa Municipal de Transportes (EMT) es una buena muestra de la apuesta por la videovigilancia. La compañía ha anunciado recientemente que instalará 9.000 cámaras en toda su flota de autobuses de aquí a 2010 -entre tres y cinco en cada vehículo-. Un sistema que estará conectado a la Policía Municipal y a los Servicios de Emergencias.

Según Samuel Parra, miembro de la Asociación Profesional Española de Privacidad (APEP), el auge de la cámaras de seguridad está muy relacionado con la reducción del coste. "Hace diez años la videovigilancia era un sistema caro, casi exclusivo de entidades financieras. Ahora, por 50 euros se puede tener un dispositivo de grabación funcionando las 24 horas", asegura.

Es cierto que las grabaciones sirven para denunciar e incluso evitar situaciones de inseguridad. Ya en el siglo XVIII el pensador inglés J. Benthan apuntaba que la conciencia de ser observado condiciona nuestras acciones. Sin embargo, el Gran Hermano moderno no es tan eficaz como los poderes nos quieren hacer creer. En Gran Bretaña, uno de los países más vigilados del mundo donde existen más de cuatro millones de cámaras -una por cada 14 personas-, la policía metropolitana de Londres acaba de reconocer que mil cámaras de circuito cerrado de televisión apenas permiten resolver un crimen al año.

El debate en torno al binomio seguridad-privacidad está hoy en día más candente que nunca. En Valencia, por ejemplo, la polémica ha surgido este verano a raíz de la instalación de cámaras en la playa de la Malvarrosa. ¿No sería mejor más presencia policial?, se preguntan los vecinos y turistas.

Otros sistemas de control muy discutidos por invadir la privacidad son los que utilizan la tecnología biométrica, basada en el reconocimiento de una característica física e intransferible de las personas, como por ejemplo, la huella digital o el reconocimiento del iris. A esto se añade los bancos de datos personales-incluso de ADN-, los satélites de vigilancia y la interceptación de las comunicaciones. Incluso existen escáneres corporales que desnudan a los pasajeros en los aeropuertos -prohibidos, por suerte, por el Parlamento Europeo-.

Ante los abusos que ejercen algunos gobiernos en nombre de la seguridad es necesario establecer límites. "Las reglas del juego del control deben ser consensuadas", afirma la socióloga Matilde Fernández. La experta apuesta por una sociedad civil vigilante. No obstante, alerta del peligro que puede llevar a una ciudadanía amedrentada a atribuirse la potestad de controlar e incluso de ejercer la violencia, como ocurre con muchas de las patrullas ciudadanas que últimamente parecen multiplicarse.

Italia es un caso paradigmático dado que es el propio Ejecutivo el que promueve este tipo de movimientos ciudadanos para denunciar ilegalidades, en especial a los inmigrantes sin papeles. "Se trata de un juego cómplice muy perverso", asegura Matilde.

Proteja sus datos personales

TOME CONCIENCIA. Desde la Asociación Profesional Española de la Privacidad (APEP) el primer consejo que dan al ciudadano es que sea consciente de la importancia que tiene facilitar información personal. "Por lo general el ciudadano no lee la letra pequeña para saber quién tendrá acceso a sus datos ni qué van a hacer con ellos", aseguran. Especial cuidado hay que tener con las redes sociales, interesantes elementos de sociabilidad, pero a la vez una vía muy sencilla de controlar al individuo.

DENUNCIE. Según la APEP, en España la facilidad de vulnerar la privacidad está muy relacionada con la pasividad del ciudadano, "que no suele actuar hasta que le afecta al bolsillo". También con el desconocimiento. Denunciar una intromisión en nuestros datos personales es gratis si se hace ante la Agencia de Protección de Datos Española, el órgano que vela por el cumplimiento de la legislación por parte de los responsables de los ficheros, ya sean entidades públicas o empresas privadas.

MARCO GLOBAL. Con el objeto de facilitar el flujo internacional de datos personales con las necesarias garantías para la privacidad de las personas, la Agencia Española de Protección de Datos está ultimando una propuesta de estándares internacionales, cuyo texto final será sometido a aprobación en noviembre por las más de ochenta autoridades convocadas a la 31ª Conferencia Internacional de Privacidad que se celebrará en Madrid.