TRIBUNA

Obama y la reforma del sistema sanitario

En las últimas semanas la reforma del sistema de salud ha acaparado la atención del Congreso y los medios en EE UU. Casi nadie (incluidos los republicanos) duda de que el sistema actual tiene graves deficiencias. Por un lado el aumento de los costes es insostenible. En la última década el precio de las primas ha aumentado cuatro veces más que la inflación. Además el sistema es muy ineficiente: el gasto sanitario en EE UU representa un 16,5% del PIB, casi el doble que la media de los países de la OCDE. Sin embargo, solo los privilegiados que tenemos seguro tenemos acceso a uno de los sistemas sanitarios más avanzados del mundo, ya que según los datos de la Casa Blanca hay más de 46 millones de americanos que no tienen ningún seguro medico.

Hay consenso en que para conseguir reformar el sistema es imprescindible persuadir a las clases medias de que la reforma es positiva para sus intereses económicos. En este sentido, el aumento de los costes puede ser la llave, porque la mayoría de los estadounidenses están empezando a preocuparse de que no van a poder pagarlo. Además la crisis económica ha acentuado esta preocupación: en el último año más de 4 millones de personas han perdido su trabajo y su seguro medico, y más de la mitad de ellos siguen sin estar asegurados. El temor en este país no es sólo perder el trabajo y quedarte sin seguro y sin tratamiento médico si tú (o alguien de tu familia) estás enfermo, sino también a perder el seguro médico y tener una condición médica pre-existente que haga que otras compañías puedan denegarte la cobertura.

Visto desde Europa puede costar creerlo, pero lo cierto es que conseguir que las aseguradoras aprueben una póliza se ha convertido para muchos americanos en una tarea titánica, ya que las aseguradoras someten a exámenes rigurosos a sus potenciales clientes para comprobar el posible costo de los tratamientos y los gastos que un nuevo cliente puede suponer para la compañía (que también puede llegar a denegar un tratamiento si es muy oneroso). El coste para las empresas es también insostenible: General Motors gasta más en seguros médicos que en acero.

Obama, que ha aprendido de los errores de Clinton, ha dejado al Congreso tomar la iniciativa en la reforma. En los últimos meses ha habido varias iniciativas en las dos cámaras. El elemento común es que estas propuestas no buscan replicar el modelo europeo de un sistema de sanidad universal gratuito (no hay suficiente apoyo para aprobarlo, ni dinero para financiarlo), sino que se quiere extender la cobertura médica a través de la creación de un seguro público voluntario. La expectativa es que al introducir un seguro público aumente la competencia y obligue a los privados a reducir sus costes/precios y a mejorar sus servicios.

Pese a todo la reforma esta encallada y no es seguro que pueda seguir adelante. Por un lado está el coste, estimado en más de 100.000 millones de dólares al año. En un momento de crisis como el actual, eliminar las bajadas de impuestos de Bush no es política ni económicamente posible, y aumentar impuestos como proponen los demócratas es muy controvertido. Además cualquier propuesta que signifique un aumento de la intervención estatal y del gasto público es recibida con gran escepticismo por millones de americanos y en particular por los republicanos, que no han tardado un momento en clasificar a Obama y a estas propuestas como "socialistas". El gran problema sin embargo es que los demócratas, que tienen mayoría suficiente en las dos cámaras para aprobar la reforma, están divididos y no se ponen de acuerdo en cómo financiar el nuevo seguro.

No es una exageración decir que la presidencia de Obama puede estar en juego ya que ésta es su principal propuesta legislativa. Los republicanos y los grupos de interés opuestos a la reforma, que huelen sangre, están poniendo todo en el asador para tratar de que fracase. Sin embargo, el fracaso significaría que el país sigue condenado a un sistema que es ruinoso financieramente y éticamente indefendible. Es de esperar que la pausa del mes de agosto permita reconducir la situación. A ello volveré en otoño.

Sebastián Royo. Catedrático y Decano de la Universidad de Suffolk en Boston