BAA sigue en la cuerda floja
BAA está caminando por una cuerda floja financiera. El grupo de aeropuertos británico evitó una venta forzada de Gatwick la semana pasada tras rechazar una oferta del aeropuerto de Manchester, que decía estar en 1.400 millones de libras. BAA, y su propietario mayoritario Ferrovial, han pensado que quieren algo más cercano al valor de los activos regulados de Gatwick, de 1.560 millones de libras. Pero la necesidad de una venta rápida permanece. E incluso esto no sacaría a BAA de su agujero financiero.
BAA se ha comprado algo de tiempo para apelar la decisión de la Comisión de Competencia de Reino Unido de dividir los aeropuertos del grupo. La apelación es en octubre, y se espera una decisión en diciembre.
Pero BAA no querrá alargar las cosas mucho tiempo. Para empezar, si pierde una segunda apelación, hay un riesgo de que la venta sea puesta en las manos de un fideicomisario. Además, BAA tiene que devolver 1.000 millones de libras de deuda para marzo del año que viene. Pero la compañía sólo genera unos 400 o 500 millones de libras en cash flow al año.
En teoría, BAA emitiría bonos para completar la diferencia. Pero esto no parece todavía una opción realista. Los inversores de deuda están preocupados por una nueva idea del Gobierno que podría nombrar un administrador especial para mantener Heathrow, el aeropuerto bandera de BAA, abierto en el caso de que la compañía quebrara. Si el Gobierno sigue con esta idea podría ser malo para los acreedores.
En el corto plazo, una venta de Gatwick podría quitar la presión del inmediato pago de la deuda. Pero una mayor, de 2.600 millones de libras, tiene que devolverse en 2011, incluida la deuda subordinada en la compañía holding. Vendiendo Stansted, otro aeropuerto señalado para su venta, no podría salvar el desfase en absoluto.
Si para entonces los mercados de bonos no son receptivos, los accionistas pueden en última instancia tener que aportar más capital. No está claro que los inversores, incluido GIC, de Singapur, estén dispuestos a poner aún más dinero en una inversión que no ha causado nada salvo dolores de cabeza en los últimos tres años. Entonces Ferrovial tendría que entrar aún en otro juego de política arriesgada, esta vez con los bonistas de BAA.
F. Maharg-Bravo