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Columna

Anglo American, en buenas manos

El nuevo presidente de Anglo American va a mantener sus opciones abiertas. El nombramiento de sir John Parker como sucesor de sir Mark Moody-Stuart fortalece la defensa de la minera contra las indeseadas tentativas de su rival Xstrata. Parker es bastante respetado, un industrial veterano con sólidas credenciales en fusiones y adquisiciones. Su llegada reduce el riesgo de que a un depredador oportunista le salga barato engullir Anglo American. Pero su retórica da a entender que también está abierto al cambio.

Los inversores que quieran una venta con prima deberían estar tranquilos. El presidente de National Grid, el grupo energético británico, y copresidente de la gigante papelera sudafricana Mondi se ha sentado en 12 comités ejecutivos y ha dirigido ocho en los últimos 25 años. Tres de ellos cotizaban en varios mercados, igual que Anglo American. Parker no cree en la "fusión entre iguales" que propone Xstrata. Su historial de conseguir primas sustanciales para los accionistas en situaciones de absorción es significativo -basta con considerar la adquisición del operador portuario P&O por parte de DP World.

Cada vez parece más claro que Xstrata afronta una elección sencilla respecto a Anglo American: o paga o renuncia. El rechazo de Anglo a la fusión sin prima con su rival suizo parece tener el apoyo de 25 de sus principales accionistas, que valen por la mitad de sus acciones. Parker toma oficialmente las riendas después del final de julio, cuando salgan los resultados de la primera mitad del año. Pero seguramente ejercerá una influencia considerable en la forma que tenga la compañía de aprovechar la oportunidad del día de resultados para defender sus perspectivas de autonomía y establecer el listón para posibles pujas.

Parker ha optado por no mojarse sobre Cynthia Carroll, la controvertida directora ejecutiva de Anglo, dejando abierta la posibilidad de que haya cambios en el comité en el caso de que sea necesaria una defensa más robusta o si la compañía no consigue progresar lo suficiente con su famoso plan de ahorro de 2.000 millones de dólares anuales. Parker ha reconocido implícitamente que el actual debate sobre la competencia de la ejecutiva es un problema: respaldó al "excelente equipo de gestión dirigido por Carroll" en vez de distinguirla con elogios a ella directamente.

Se supone que el nuevo presidente es capaz de ver que su deber es impedir que las injerencias externas obstaculicen la capacidad de la dirección para cumplir con su actual cometido. Pero a los inversores que ponen en duda las aptitudes de Carroll les tranquilizará saber que Parker no vacilará si fuera necesario un endurecimiento de su postura. La ejecutiva todavía tiene algo de tiempo para demostrar su valía ante la nueva directiva. Lo que no está claro es cuánto exactamente.

Una Galani

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