De viaje

Un paseo por el Duero con brindis de Oporto

Rodeado de viñedos, el Hotel Aquapura ofrece un espectáculo de naturaleza con inolvidables paseos por el río y degustaciones.

Un paseo por el Duero con brindis de Oporto
Un paseo por el Duero con brindis de Oporto

A pocos kilómetros de desembocar en Oporto, el Duero o Douro portugués, se convierte en un camino de meandros sinuosos, en los que viñedos y corrientes comparten protagonismo con montañas y valles. El río dorado, como así lo llaman nuestros vecinos, debido a los reflejos en el agua del xisto o la pizarra, produce una tierra idónea para un cultivo: la vid, que impregna con su aroma toda la zona.

El río forma la columna vertebral de la región. Da cuerpo no sólo a los caldos sino a las Quintas y a las sagas familiares. Comerciantes ingleses y holandeses llegaron a la región alrededor de 1.750 para producir el Oporto. Un vino de mesa dulce, especial para degustar tras la comida.

El lugar es idílico, aunque para llegar a él uno deba armarse de paciencia, por la escasa señalización. Volar hasta Oporto y desde allí alquilar un coche hasta la zona resulta la mejor opción para alojarse en uno de los hoteles más emblemáticos del lugar, el Hotel Aquapura, a no ser que se esté cerca de Orense o Salamanca, en cuyo caso la distancia y los paisajes por carretera, bien merecen la pena.

En Pinhao, el viajero puede recorrer el río en una embarcación típica de madera

Crucero por el río

Desde allí, el viajero puede acercarse a Pinhao y disfrutar de un paseo por el Duero en una de las embarcaciones antiguas, elaboradas en madera, que se utilizaban para transportar el vino de Oporto. El recorrido es un cúmulo de placeres. A un lado y otro, se pueden observar las colinas oreadas de viñedos, cuyas raíces llegan a alcanzar hasta los 30 metros para poder beber el agua del río.

En el camino, no deje de visitar algunas de las bodegas que abren sus puertas a los visitantes. La Quinta de Nápoles, con una historia de 150 años (1842), es una de ellas, donde se produce la conocida marca Niepoort, familia que la adquirió en 1987. Con 30 hectáreas de vino, resulta ser uno de los principales productores de Oporto.

æpermil;ste vino tiene dos estilos: Dum o rojo y Dee o blanco. La diferencia entre uno y otro reside en el tiempo de maduración en la barraca. El clásico Oporto, que suele tomarse después de las comidas, es rojo, con marcas tan conocidas como Sandeman, el hombre equivalente al toro de Osborne que recorre las carreteras portuguesas.

El Hotel Aquapura, ubicado en el Valle de Abraao, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2007, se encuentra rodeado de casas señoriales, que incluso se pueden adquirir. A 7 kilómetros de Peso de Régua y a hora y media de Oporto, se halla en una pequeña colina cuyo exterior fue diseñado por el arquitecto Luis Rebelo.

Para quienes sólo deseen disfrutar de un remanso de paz, el hotel posee uno de los spas más prestigiosos de la zona, que ocupa 2.200 metros cuadrados y en donde la puntualidad se exige a rajatabla. Pero, sin duda, la joya de la corona es la piscina al aire libre, con un excelente servicio y camas-tumbonas para relajarse.

Elegir este destino de vacaciones puede ser una excelente idea para bolsillos acaudalados necesitados de paz. El precio de cada una de las 50 habitaciones oscila entre los 400 euros por noche en habitación doble a los 1.500 por alguna de las nueve suites que integran el complejo. Las suites poseen un espacio de 65 a 158 metros cuadrados, apropiadas para cuatro personas. Con un ambiente minimalista, los interiores de las habitaciones han sido diseñados por diferentes arquitectos, utilizando para los muebles madera sostenible de la Amazonia.

Existen, no obstante, paquetes combinados. Por ejemplo, el Good Vibrations ofrece desde 280 euros por persona dos noches en una habitación con vistas al río, desayuno y copa de bienvenida, más tres cursos de cena degustación con vino del Duero. Por 391 por persona, Aquapura permite alojarse durante dos noches, un nuat namman masaje, de 55 minutos y un paseo por el Duero.

Cada habitación tiene un emplazamiento distinto. Algunas de ellas, con vistas panorámicas del Duero y otras, a los viñedos. Algunas son duplex y presentan techos con vigas de madera. En otras, el toque de modernidad resulta lo más habitual. El sol riega todos los alojamientos que son matizados con grandes ventanales, algo oscuros.

El hotel también se compone de 21 lujosas villas, una de ellas con piscina propia y otras dos compartiendo piscina y jardín, que el cliente puede rentar o comprar como inversión a largo plazo

Se trata de una adquisición inmobiliaria con pacto de recompra a los diez años, que ofrece una rentabilidad aproximada de un 4%. El desembolso es alto. Los gestores exigen un precio desde 400.000 al millón de euros, lo que da derecho a 18 semanas de disfrute al año. Durante diez años, la propiedad será del inversor, aunque el contrato se revisa para acordar los nuevos términos.

Entre las actividades que no debe dejar de hacer es visitar Oporto o recorrer las ciudades monumentales de los alrededores. No deje de preguntar por las sagas familiares, con historias propias de novela.

Catas y gastronomía para sibaritas

La historia de Ruí Paula, uno de los chefs más reconocidos de Portugal, comenzó en Trás os Montes, al calor de los fogones de su abuelo, mientras le ayudaba a preparar el refrigerio de los vendimiadores. Allí aprendió a mezclar sabores. A recuperar la cocina tradicional y a probar nuevos toques de vanguardia, que tanto prestigio le ha dado a su restaurante: D. O. C. , inaugurado en 2007 gracias al empuje de su mujer, Cristina Canales.

Degustar alguno de sus entrantes, como la terrina foi gras al vino de Oporto, resulta casi obligatorio para comenzar con la explosión de sabores de sus platos más elaborados. No deje de probar el rodaballo ni la ternera.

Los precios son asequibles. De 5 a 12 euros los entrantes y 20 euros los platos principales. La simpatía de Ruí Paula y la exquisita presentación de los manjares, preparados por un joven equipo, hace de DOC un lugar entrañable para cenar. Además, sus vistas al Duero, lo convierten en un lugar privilegiado. El cliente puede elegir comer en el exterior o disfrutar de un ambiente relajado en el interior, donde poder observar la elaboración de los platos gracias a una pantalla colocada sutilmente en una esquina del local.

No se salte los postres por nada del mundo. El combinado de frutas y helado resulta el mejor cierre de una velada.