Antonio Vázquez

El tenor del cielo

El nuevo presidente de Iberia aterriza en la aerolínea para pilotar el proceso de fusión con British Airways. Negociador incansable, pretende que el acuerdo no tarde en llegar.

El tenor del cielo
El tenor del cielo

No ha encontrado mejor forma y más rápida de elevar su apreciable do sostenido que subirse al avión de Iberia y pilotar el destino de la compañía aérea en un momento a la vez especialmente delicado y estratégico. Es Antonio Vázquez, nuevo presidente ejecutivo de la aerolínea de bandera española, quien une a sus incansables dotes de negociación una apasionado devoción por el bel canto.

De hecho, tras su salida de Altadis, producto de su compra por el grupo británico Imperial Tobacco, se dedicó en cuerpo y alma a perfeccionar su técnica interpretativa. Incluso llegó a ofrecer a finales del año pasado un concierto privado en el Casino de Madrid acompañado por la orquesta de jóvenes promesas de UBS.

Pero si algo le define, según miembros de su círculo de colaboradores recientes, es la transparencia y la pasión con la que afronta todo lo que hace. Y algo de esa pasión se le notó el pasado jueves cuando, tras trascender su nombramiento como nuevo presidente de Iberia, explicaba las razones que le han movido a aceptar el reto de conducir el que posiblemente sea el momento histórico más delicado para la compañía en particular y para todo el sector aéreo en general.

"No soy persona a la que la asusten los desafíos", subrayaba, "y éste es enorme". E inmediatamente cogía la muleta con la izquierda y mirando a British Airways aseguraba: "Estamos obligados a cerrar con nuestros íntimos amigos ingleses un acuerdo justo y beneficioso para todos. Mi empeño es hacerlo cuanto antes". Y finalizaba: "Afortunadamente tengo experiencia, conozco perfectamente la empresa, tiene un consejo de administración modélico en el que todos somos amigos y sé la forma de negociar que tienen los ingleses".

No en vano, Vázquez pilotó la negociación que permitió que los accionistas de Altadis maximizaran el precio de sus títulos en la opa que hace un par de años lanzaron los británicos sobre la tabacalera Altadis.

Cordobés, casado, padre de cuatro hijos y con 57 años, une a su pasión por la opera y la zarzuela la lectura de la novela histórica, el arte y la práctica de deporte -los que le conocen aseguran que, pase lo que pase, no perdona la práctica de alguna tabla de gimnasia diaria-. A todo ello une un placer, que de alguna forma fue su descubrimiento dentro del mundo empresarial español, los cigarros habanos.

César Alierta le encargó, cuando era presidente de Altadis, la nada sencilla tarea de tender puentes con el Gobierno cubano, ser la cara más amable de la compañía en la isla caribeña y promover lo que sin duda es hasta el momento uno de los mayores éxitos de su vida profesional. La adquisición del 50% de Corporación Habanos y que Altadis compartiera desde entonces con el Gobierno cubano el futuro de sus puros.

Otro gallo muy distinto le cantó cuando en junio de 2005 accedió a la primera línea de gestión de Altadis. Los palos le cayeron por todos lados y junto a su equipo se tuvo que defender, más que gestionar una compañía en permanente situación de crisis.

Quizás la cristalización más evidente de esa crisis fue la dura guerra de precios que se desencadena en el mercado español de tabaco en enero de 2006, producto de una torpe política gubernamental de subida de impuestos especiales. Vázquez tuvo que maniobrar desde el puente de mando de la tabacalera para evitar ser hundido por una multinacional que no admite bromas, Philip Morris, la dueña de la marca Marlboro. Por aquel entonces repetía no sin cierta amargura que la guerra de precios y la consiguiente caída de márgenes que aquella batalla ocasionó hizo a la empresa retroceder cuatro años.

Tuvo que sacar entonces la guadaña y aplicar un plan de ahorro de costes que ayudara a paliar el impacto que en las cuentas de Altadis tuvo la dramática pérdida de rentabilidad por la disminución de tarifas.

Y allí vio cómo su plan de colocar a Altadis entre las grandes multinacionales de tamaño medio a nivel mundial se iba al traste. La complicada situación que atravesaba la sociedad fue aprovechada por la británica Imperial Tobacco, quien lanzó una opa que la permitió a finales de 2008 hacerse con la sociedad.

Vázquez declinó entonces la oferta de los británicos de ocupar un puesto ejecutivo en el consejo de la multinacional y hacerse cargo como CEO de los negocios de puros y logística. Aunque no la abandonó y siguió asesorándola durante seis meses para facilitar el proceso de integración.

El reto ahora no es menor. Aterriza en una compañía que opera en un sector en continua guerra de precios y que sufre una de las crisis más grandes y graves de su historia. No le temblará el pulso, eso seguro.

Quienes le conocen aseguran que no dudará en llevar a la sede de Iberia su gran capacidad de trabajo, su accesibilidad y cercanía en el trato y su destreza en mantener el temple y la serenidad en situaciones de crisis.

Todo ello trufado con un formidable entusiasmo y habilidad para saber transmitir ilusión, unas envidiables dotes de comunicación, una extraordinaria pasión a la hora de hacer las cosas con ganas y una verdadera obsesión por favorecer el crecimiento profesional de las personas. Y sobre todo el convencimiento personal de no "estar de paso". Con la confianza personal absoluta en que su prestigio profesional labrado golpe a golpe no se puede ver manchado por una excusa del tipo "aguanto un añito y me voy". Si algo tiene claro Vázquez es que será el ultimo en marcharse y que antes de todo eso luchará a muerte para que sean los accionistas españoles, con argumentos irrebatibles encima de la mesa, quienes lideren la fusión con British Airways.