COLUMNA

Brotes verdes, ¿botánica o economía?

Razones no faltan para sentirse perplejo ante las diferentes interpretaciones que de los últimos datos económicos están haciendo políticos, un buen número de comentaristas económicos y tertulianos partidistas. ¿Puede decirse analizando esos datos que lo peor de la crisis ya ha pasado o se trata de cifras que debemos poner en perspectiva con otras que nos anuncian nuevas dificultades? Mi respuesta es que la segunda interpretación me parece hoy más probable.

La discusión la provocó la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, al hablar de los "brotes verdes" apoyados en la evolución del paro y las afiliaciones a la Seguridad Social en mayo -cifras que resultaban menos espectaculares desestacionalizadas-, el índice de confianza del consumidor o la suavización de la tasa de descenso en la inversión en construcción, pero las últimas previsiones gubernamentales no parecen abonar el optimismo que tan botánica referencia encerraba -reducciones del PIB del 3,6% y del 0,3% en 2009 y 2010, paro del 17,9% y 18,9% y déficit público del 9,5% y del 7,9% en el bienio citado-.

Parece que el Gobierno se ha vuelto más realista, dirán algunos; pues no. Las previsiones de los analistas independientes cifran la caída del PIB en el 3,8% y el 1,2%, el paro en el 18,4% y el 21,1% y el déficit en el 9,2% y el 11,5% respectivamente en 2009 y 2010. Por cierto, no he encontrado referencia oficial a la deuda pública viva a finales de 2010 que podría alcanzar algo más del 66% del PIB -¡unos 30 puntos superior a la de 2007!-.

O sea, que algunos nubarrones amenazan con frustrar esos brotes verdes. Enumeremos únicamente las más relevantes. En primer lugar, el alza, ya iniciada, de los precios del petróleo y ciertas materias primas acaso anuncien próximas subidas de la inflación que los bancos centrales no podrían ignorar. Si éstos se viesen forzadas a olvidar sus recientes políticas de reducción de tipos de interés los esfuerzos de los Tesoros públicos para colocar las ingentes cantidades de deuda pública -11.700 millardos de dólares, según la OCDE- necesarias para financiar el enorme incremento del gasto público asumido como arma para potenciar una rápida recuperación se enfrentarán a la reticencia de unos inversores que exigirán rentabilidades más altas. Y esto no es una hipótesis lejana pues en una de las últimas subastas de bonos a 10 años el Tesoro americano se ha visto obligado a pagar 4 puntos básicos más de la exigida por el mercado días antes, con el agravante de que dicho tipo sirve de referencia a los numerosos préstamos hipotecarios.

La situación no es mucho más tranquilizadora a este lado del Atlántico, con el Banco Central Europeo abriendo una línea de financiación al banco central sueco para "salvaguardar la estabilidad financiera del país" porque algunos de sus bancos están comprometidos en Letonia, cuyo Gobierno ha sido incapaz de cubrir una emisión reciente de deuda, acrecentando el temor a un devaluación de su moneda que arrastraría a otras ya tocadas, como el forinto húngaro, el zloty polaco o la corona checa.

En estas circunstancias, el presidente de la Reserva Federal americana, Ben Bernanke, ha lanzado recientemente advertencias muy fundadas. Por ejemplo, que la recuperación tardará bastante tiempo en alcanzar la senda del crecimiento potencial de la economía, que es necesario diseñar una política fiscal que corrija los actuales desequilibrios y que su banco central deberá suspender pronto la política de monetizar deuda y mantener tipos reales negativos.

¿Y que hace nuestro Gobierno? Después de regalar cheques-bebé, vales por 400 euros, suprimir el impuesto sobre el patrimonio -"bajar impuestos es de izquierdas"- y rifar 8.000 millones de euros a los ayuntamientos -para que nos hagan la vida diaria más imposible si cabe, como el Regidor del Caos y deudor de 6.700 millones de euros en Madrid-, decide subir los impuestos sobre el tabaco y los carburantes para el bien de nuestra salud y el fomento de una economía que, según cálculos recientes del FMI, necesitaría en el año 2014 un superávit primario del 3,1% del PIB para mantener la deuda viva en un nivel sostenible.

Desde la aparición de los brotes verdes a la confesión del calvario con que nos enfrentamos hasta el año 2012 según el Gobierno ha transcurrido poco más de un mes; veremos qué sorpresas desagradables encierra el proyecto de los Presupuestos para 2010.

Raimundo Ortega. Economista