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Columna

El consumidor sale ganando

Los banqueros de EE UU corren el riesgo de perder los argumentos por los que Barack Obama propuso la Agencia de Protección Financiera del Consumidor (CFPA, por sus siglas en inglés). El presidente quiere establecer este regulador de consumo como parte de su amplio paquete de medidas de reforma de supervisión financiera. Los bancos argumentan que supondrá una costosa e inefectiva burocracia que podría establecer exigencias que contradigan las de otros reguladores. Pero los partidarios lo están situando inteligentemente como una medida de mejora del mercado -y pueden triunfar-.

En su testimonio ante el Congreso, los lobbistas bancarios y otros opuestos a la CFPA dijeron que separar la protección del consumidor de la prudente regulación dejará a la agencia con las tareas del primero con menos perspicacia en los bancos. Y argumentaron que tener que acatar la disciplina de otro regulador podría plantear una enorme carga a los bancos, especialmente a los más pequeños.

Los partidarios refutaron que los mandatos de protección del consumidor de los actuales reguladores, como la Reserva Federal y la Office of the Comptroller of de Currency eran secundarios de su tarea principal de mantener la política monetaria y asegurar la seguridad y la salud de la industria. Esto significa que los asuntos de los consumidores han sido habitualmente ignorados. Y dijeron que el nuevo regulador de consumo no escribiría necesariamente resmas de nuevas reglas, pero sí centralizaría las actuales y aseguraría las ya impuestas -lo que significa que los bancos que ya cumplen no deberían soportar una carga mucho más pesada-.

Pero quizá el más efectivo argumento a favor de la CFPA es que su principal labor sería incrementar la transparencia -y la honestidad- en el mercado hipotecario, tarjetas de crédito y otros productos de finanzas de los consumidores. Como apuntó Elisabeth Warren, supervisora del Congreso y del programa de rescate bancario del Tesoro y una de las primeras abogadas de tales agencias, la CFPA significa eliminar "trucos y trampas", como honorarios ocultos y prácticas de mercado poco honradas.

Esto dejaría realmente a los bancos fuertes competir más efectivamente frente a los que cuenten con tácticas poco limpias, tal como los partidarios de la CFPA dicen. Ser una entidad que mejorará el mercado, aunque implique una gigantesca nueva burocracia, aporta a sus defensores una gran ventaja en este debate.

A los bancos y otros detractores puede costarles rebatir esto -especialmente desde que reguladores similares como la Agencia de Protección Medioambiental y la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo han sido acogidos favorablemente por muchos americanos-. Pero con la legislación que entrará en vigor a principios del mes próximo, mejor que se hubieran puesto manos a la obra.

Dwight Cass

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