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Basta de primeras damas

Si Hillary Clinton hubiera sido elegida presidenta de EE UU en lugar de Obama, tal vez hubiera quedado claro el carácter anacrónico del fenómeno de las primeras damas. Pero con la presencia mediática de Michelle Obama, parece que, por desgracia, las esposas de los primeros ministros seguirán perdiendo el tiempo durante las citas internacionales de sus maridos con una agenda caritativa y cultural propia de nobles desocupadas del siglo XIX.

¿Por qué se sigue convirtiendo en floreros a mujeres que están tan cualificadas como sus maridos para estar en primera fila? La propia Michelle es licenciada por las universidades de Princeton y Harvard. Svetlana Medvedeva, esposa del presidente ruso, está releyendo a Marx y cita con naturalidad durante un cocktail a El Maestro y Margarita, de Bulgakov, como recuerda hoy la columnista de The Guardian, Mariella Frostrup. Pimpen Vejjajiva, esposa del primer ministro tailandés y también presente en Londres durante el G-20, es profesora de Matemáticas. Y Carla Bruni no necesitó arrimarse a Nicolas Sarkozy para seducir a buena parte del planeta desde la pasarela y los escenarios.

Por suerte, a medio o largo plazo el desfile de las primeras damas, que sólo sirve para comentar sus trajes, quedará obsoleto o reducido a la mínima expresión. Porque parece un proceso inevitable que en el G-20 o 30 o 40, acabe habiendo muchas más mujeres en la mesa principal. O homosexuales. O señores y señoras sin pareja estable... o con varias parejas. Y entonces, la ´desfasada cita de las primeras damas será tan heterogénea que habrá que suprimirlas... o hacer más interesante su agenda.

Foto: Joachim Sauer, marido de Angela Merkel, y Cherre Blair, esposa de Tony Blair, durante una reunión del G-8 en Alemania.

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