Lealtad, 1

La reducción al absurdo

Poco después de la revelación de Bernard Madoff se veían esquemas de Ponzi por todas partes. Si en la radio alguien decía que el sistema de Seguridad Social es un fraude piramidal, bien se podría decir que el propio sistema bancario es otra estafa como la de Ponzi, pues los bancos devuelven el dinero con el dinero de terceras personas. Y, al hilo de la noticia de la semana, esto es que Porsche gana siete veces más especulando con sus participadas que vendiendo coches, se dice también que Porsche es un hedge fund.

Y también se puede argumentar, y de hecho así se ha expresado, que el plan de buscar inversores privados para el plan de rescate bancario en Estados Unidos prevé, en realidad, que alguien haga de hedge fund comprando deuda presuntamente tóxica con la expectativa de que, pasado el huracán crediticio, se revalorice. Porque, de lo contrario, no se entiende qué puede sacar en limpio de ahí el sector privado, de la mano del público.

Las analogías se pueden extender hasta el infinito. ¿O no han actuado numerosas empresas españolas, muchas de ellas constructoras, como fondos de private equity, comprando de forma apalancada participaciones en empresas que se financian a cuenta de los resultados de dichas participadas? Para rizar el rizo, resulta que la nacionalización es la salvación para los bancos de la City o de Lower Manhattan.

Hay una cita sobre los mercados financieros que apunta que innovación es hacer de formas no experimentadas aquello que no está permitido con las herramientas habituales. Es normal, de este modo, que la reacción a la crisis crediticia actual sea una suerte de rebelión contra las máquinas. Los mecanismos de control de riesgo, los modelos de predicción de las agencias de calificación financiera, los hedge funds que ofrecen rentabilidad sin riesgo... Son estatuas derribadas por la realidad. Pero el problema de fondo no es la propia innovación que, como reza la cita, no es más que arbitraje regulatorio. La innovación financiera es el medio; el fin es la tendencia natural de los mercados a la inestabilidad. Mientras no se asuma eso, lo demás es accesorio. nrodrigo@cincodias.es