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El chocolate cotiza al alza

La tonelada de cacao alcanzó la semana pasada las 2.000 libras, su precio más alto en 25 años

El chocolate cotiza al alza
El chocolate cotiza al alza

Los mayas lo llamaban 'alimento de los dioses' hace más de un milenio. Elaboraban con él un brebaje amargo (chocolha), reservado para los reyes, los nobles y determinados ritos sagrados. Siglos más tarde, los aztecas se lo dieron a probar a Hernán Cortés, que lo introdujo en la corte española. Sólo entonces se empezó a mezclar con azúcar y vainilla, dando lugar así al chocolate que hoy conocemos. De ahí dio el salto al resto de Europa, y, con la revolución industrial, el cacao en forma de chocolate pasó a ser objeto del consumo de masas. La semana pasada, el precio del grano alcanzó las 2.005 libras por tonelada, el más alto desde 1985, y ayer llegó a las 2.008 (2.200 euros). ¿Significa esto que dejará de ser un producto asequible para la mayoría?

Todo apunta a que no. Según fuentes del sector, los precios del cacao no tienen demasiada sensibilidad en el precio final de sus productos derivados. Además, según Francisco López, analista de X-Trade Brokers, 'la situación económica tampoco está para aumentar los precios finales de los productos, ya que se corre el riesgo de sobreofertar el mercado'. Aun así, la británica Cadbury los aumentó en un 5% el año pasado, y ha anunciado que no descarta volver a hacerlo si el precio de la materia prima sigue subiendo. Las compañías del sector líderes en ventas en España consultadas por este periódico han preferido guardar silencio al respecto.

El reciente encarecimiento del cacao (un 15% la semana pasada) se debe a varios factores. Su pistoletazo de salida lo dio el analista independiente Hans Kilian al predecir que las cosechas de Costa de Marfil y Ghana, que suponen el 60% de la producción mundial, van a ser malas este año. La especulación con el grano en el mercado de futuros de Londres y la cotización de la libra se encargaron del resto. Y es que, igual que otros soft commodities (como el café, el azúcar, el maíz o la soja), el cacao es un valor refugio para los inversores conservadores, ya que las fluctuaciones del mercado de las materias primas alimenticias no suelen ser pronunciadas.

Nuestro país está a la cola de Europa en consumo de productos derivados del cacao (3,5 kilos por persona y año, contra los 10 del Reino Unido, 8,1 de Alemania o 6,8 de Francia), como reflejan los datos de la Asociación Española de Fabricantes de Chocolate y Derivados del Cacao (Chocao). Según la consultoría X-Trade Brokers, la demanda del cacao se mantuvo estable en 2008, a diferencia del resto de materias primas. La producción de chocolate, en cambio, decreció un poco. 'El consumo está cayendo, se experimentan año a año ligeras pérdidas de volumen', comentan fuentes del sector. La FAO es de la misma opinión. Uno de sus estudios pronostica que el consumo de derivados del cacao continuará cayendo ligeramente al menos hasta el año que viene.

También han cambiado los gustos de los consumidores. 'El del chocolate es un mercado dinámico', comentan estas mismas fuentes, que apuntan que 'los artículos a la pieza (snacks) son el futuro del sector de la misma manera que las tabletas ya se ven como un producto viejo'. Sea como fuere, el chocolate está fuertemente arraigado en nuestra cultura. Y tiene propiedades únicas. 'El cacao contiene serotoninas, un aminoácido que produce sensación de bienestar', explica Lluís Serra Majem, presidente de la Academia Española de Nutrición. Del chocolate incluso se dice que es un afrodisíaco. Según el doctor Serra Majem, 'también interfiere en el sistema nervioso, y puede afectar a la sensación de enamoramiento'. Además, una taza de chocolate caliente actúa como un efectivo relajante. Los mismos médicos mayas ya prescribían su consumo tanto por sus efectos estimulantes como calmantes.

'Desde un punto de vista dietético, el problema que tiene el chocolate es el azúcar que se le añade', reflexiona Serra Majem. Y, en plena vorágine del marketing de los productos 'sanos', eso estaría detrás de la ligera caída de su consumo en Europa, según un experto en el sector. Pero tranquilos: ni la paranoia por mantener la línea ni el aumento del precio del grano harán desaparecer este dulce. Menos mal que es difícil luchar contra el diablo.

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