COLUMNA

¿Hacia un nuevo paradigma?

El mensaje de Barack Obama. El nuevo presidente de EE UU ha hecho despertar a muchos ciudadanos de su letargo, insuflando en éstos una nueva esperanza. Los autores analizan las palabras del nuevo mandatario estadounidense, así como los inmediatos retos que tiene por delante

El pasado 4 de noviembre el pueblo norteamericano, pero también buena parte del planeta, ejerció uno de los derechos individuales más hermosos, el voto. La marea humana que repitió la frase Yes, we can se extendió por los cinco continentes y alcanzó a colectivos insospechados. La alegría por ver a un afroamericano en la Casa Blanca, lo que estéticamente ya es un avance, ha desbordado las calles de norteamericanos con el mismo fervor que en España se recibió a Felipe González en 1982.

La sinergia de energías globales ha apoyado una elección que es histórica, no sólo por el carácter simbólico del color de piel del nuevo presidente de EE UU, sino porque ha conseguido esta victoria con un discurso plagado de rupturas respecto al pasado. Este cambio se ha gestado sobre la reedición de un nuevo Contrato Social entre la política y la ciudadanía, lo cual se ha plasmado en el despertar dentro de los ciudadanos norteamericanos de su vena política en su acepción más noble.

Este resurgimiento político se ha asentado en tres ejes principales. En primer lugar, en el lado económico, se ha conseguido hacer ver a la mayoría social, con la inestimable ayuda de los habitantes de Wall Street, que el individualismo rampante, que la codicia y la avaricia desaforada y, especialmente, esa impunidad que otorga el enriquecimiento rápido había que romperlo de raíz. La constatación de que la generación actual, en muchos casos, es más pobre que la anterior, que el dólar ya no es la moneda de referencia mundial y que su modelo energético está provocando un daño irreparable, ha hecho despertar a muchos norteamericanos de su letargo. El presidente Obama ha hablado con pasión de energías renovables, poniendo como ejemplo a España, por cierto, en un país donde el culto a la gasolina y al queroseno roza la patología. Además, se ha puesto de manifiesto que su sistema financiero, y especialmente los órganos supervisores, han fracasado estrepitosamente generando un serio problema de riesgo moral al sistema económico en su conjunto. Otro hito a reseñar es que, por primera vez en mucho tiempo, se ha debatido sobre la distribución de la renta en un país que presumía de su desigualdad, anteponiendo toda medida correctora en aras de no caer en el igualitarismo.

El segundo gran eje de la campaña ha sido su visión social. En EE UU, como en muchas partes, el individuo había dejado de tener un papel como ciudadano y como actor político. De nuevo, hay que traer a colación lo que supondrá su apoyo a la universalización de la sanidad pública, al estilo de la que instauró Felipe González en España. El mero hecho de pensar que la totalidad de norteamericanos podrán tener asistencia sanitaria, más allá de la beneficencia, así como el poder tener acceso a la farmacia, sin que tengan que realizar viajes específicos para operarse o recibir ciertos tratamientos farmacológicos, les ha devuelto la fe en lo colectivo. La búsqueda de nuevas políticas sociales en materia de educación o protección al desempleo -no hay que olvidar que EE UU sólo tiene 15 días de subsidio, los que tienen derecho a él- también ha merecido el aplauso de muchos ciudadanos que ahora sufren los rigores del paro. Hay que recordar que en el último año, más de dos millones de personas han perdido su empleo y las previsiones apuntan a que pueden llegar a tener un 10% de desempleo en breve.

El último aspecto a tener en cuenta por los ciudadanos ha sido el giro dado por Obama sobre el papel de EE UU en el mundo y su lucha dialéctica contra la tortura institucional y la impunidad que instauró su antecesor a nivel internacional. Todo esto lo ha logrado con la impronta y el uso masivo de nuevas tecnologías al servicio de la política, lo que se ha llamado Open Government. La creación del puesto de director tecnológico de Comunicación en la propia Casa Blanca dice mucho de su apuesta por esta nueva forma de hacer política, algo que deberíamos instaurar aquí.

En conclusión, el país que parecía menos político ha dado toda una lección de política moderna. El país más individualista se ha emocionado colectivamente gracias a la palabra de un negro. El país más unilateral ha abrazado y votado por el multilateralismo. El país de la segregación, de la tortura en Guantánamo, ha roto las cadenas y ha llevado la raza negra al Capitolio. Ahora queda lo más difícil, hay que pasar a la acción y canalizar toda la energía positiva que todos hemos ingerido. Para eso sirve la política. Gracias Obama.

Alejandro Inurrieta. Concejal del Ayuntamiento de Madrid