COLUMNA

Declive y caída

Cómo puede la fortuna de un hombre multimillonario encallar por unos simples 400 millones de euros? Es una pregunta que se ha suscitado desde el suicidio de Adolf Merckle. El inversor alemán tenía su vida y sus negocios pendientes de una disputa con los bancos por un crédito de emergencia por 400 millones. Y aunque se lo concedieron, el problema continuó. Hay tres elementos que quizá hayan precipitado el desenlace.

Primero, el valor del imperio de Merckle mermó considerablemente por la caída bursátil el pasado año. Su principal activo, el 80% de HeidelbergCement, valía en mayo 11.000 millones de euros y a finales de año, sólo 3.000 millones. Merckle se había endeudado para financiarlo, por lo que estaba en números rojos. El 57% de su participación en Phoenix Pharmahandel también habría sufrido. Las acciones de su rival Celesio han caído un 35% desde mayo.

Segundo, Merckle parece haber hecho las cosas mal al realizar una doble apuesta en Heidelberg, pidiendo prestado para acudir a una ampliación de capital que pretendía aliviar a la compañía de una deuda de 12.000 millones de euros. Además, compró algo más de 1.000 millones entre 2007-2008 de la compañía. Se dice que obtuvo prestado este dinero, y puso como colateral la mitad del valor con otras acciones de la cementera. Este colateral valdría hoy unos 150 millones, y las acciones que él compró unos 500 millones, lo que deja un agujero de 350 millones.

El tercero es una operación chapucera en Volkswagen. El financiero apostó, como muchos hedge funds, a que el fabricante se derrumbaría en Bolsa. En lugar de ello, se disparó en octubre. Las pérdidas de Merckle no han sido reveladas, pero Reuters las cifra en unos 400 millones de euros.

Estas cifras no parecen enormes. Pero para un inversor en la posición de Merckle, hay una gran diferencia entre tener activos y tener acceso a liquidez. Los intereses de la deuda no pueden ser pagados con acciones. Cuando los activos no pueden ser liquidados rápidamente -o ya han sido comprometidos con otros prestamistas- incluso unos pocos millones pueden ser suficientes para causar la quiebra. Ligar estas pérdidas al suicidio del inversor alemán es demasiado simple. Pero hay pocas dudas de que el endeudamiento pudo agravar la situación. Por John Foley

Centavos piramidales

El esfuerzo de Bernie Madoff para sacar a escondidas un millón de dólares en joyas de los miembros de la familia sugiere que él tiene unos cuantos activos. Pero esas insignificantes baratijas no ayudarán a los inversores afectados por su supuesto fraude de 50.000 millones de dólares. Incluso a largo plazo, no deben esperar recuperar mucho.

Las exposiciones de los inversores se están acercando a la enorme cifra que Madoff supuestamente confesó a sus hijos. El problema es que la mayor parte del dinero probablemente nunca existió.

Supuestamente Madoff empezó en 1998 a gestionar unos ya ficticios 12.000 millones de dólares, y él prometía supuestamente retornos del 15% anuales pero en realidad no hizo nada. Entonces, supuestamente, los inversores en conjunto retiraban la mitad de sus ganancias cada año, y este tipo de operaciones financieras -como Fairfield Greenwich Group- le reportaba honorarios en efectivo por el 15% de los retornos.

Y supongamos más, que Madoff y su red captaran dinero nuevo por la friolera del 10% de los activos cada año. Entonces, para finales de 2008, la contabilidad ficticia de Madoff podrían mostrar alrededor de 50.000 millones de dólares bajo su gestión. Esto son conjeturas, pero resulta concordar con los 30.000 millones de dólares que el príncipe del fraude piramidal parece ser que gestionó a finales de 2005.

Ahora llega la mala noticia para los inversores de Madoff. En esas suposiciones, los flujos netos del dinero real hasta 1998 -incluido dinero nuevo y dejando aparte rescates y honorarios- llega a sólo 600 millones más o menos, una media de 60 millones al año. Esto es una cifra que parece concordar con la que ha salido a la luz sobre el nivel de vida de Madoff. E incluso, si todo esto es recuperable, es sólo un penique por cada dólar que los inversores hayan invertido.

Hay quien dice que los inversores que rescataron el dinero tendrían que devolverlo. Si esto sucediera para los rescates de 2008, podría añadir 3.000 millones de dólares a la olla. Recuperar los honorarios de un año de Fairfield Greenwich y otros supondría otros 1.000 millones. Todo este efectivo, junto con los posibles 600 millones de Madoff, sumarían como mucho 10 centavos por cada dólar invertido.

Esto es mejor que nada, pero no es mucho, e incluso tras añadir todo el dinero que se pueda recolectar de la firma de Madoff y la escasa ayuda de la Securities Investor Protection Corporation, difícilmente se puede ser optimista. Las esperanzas de los inversores desafortunadamente tienen que ser rebajadas. Aparte de sus joyas de familia y de sus caros guantes, este emperador probablemente esté sin blanca. Por Richard Beales